10 mil soldados españoles invadieron a Venezuela para salir derrotados seis años después

El autor es historiador, docente y abogado.

Néstor Rivero Pérez
nestor5030@gmail.com

El 7 de abril de 1815, hace 206 años, llegó a la isla de Margarita un ejército expedicionario integrado por diez mil efectivos, puesto por Fernando VII a las órdenes del general Pablo Morillo, con el designio de someter a las colonias insurrectas de Venezuela y Nueva Granada, que venían guerreando por su independencia desde 1810. Tras seis años de operaciones, unos cinco mil efectivos de dicha fuerza comandados por Miguel de La Torre, terminarían derrotados el 24 de junio de 1821 en la Batalla de Carabobo. Apenas unos dos mil soldados españoles lograron replegarse ese día hacia Puerto Cabello, cuya fortaleza se mantuvo en poder de la Corona hasta 1823, cuando el general José Antonio Páez toma el reducto, ofreciendo una capitulación a los enemigos, quienes de inmediato se embarcaron para Cuba, Puerto Rico y España.

Situación militar
Tras la expulsión del ejército napoleónico que había invadido la Península en 1808, y el regreso a Madrid del joven rey Fernando VII, este de inmediato dispuso la organización de una expedición militar para sofocar la rebelión en sus colonias insurrectas, designando como jefe, con el título de “Pacificador”, a Pablo Morillo.

También se proponía el monarca alejar de España a los militares liberales opuestos a su régimen absolutista, y reconfirmar en Venezuela su autoridad ante cualquier brote de insubordinación a factores realistas; ello a propósito de las actuaciones de José Tomás Boves en la Guerra a Muerte.

En la América que peleaba contra España por su parte, especialmente Venezuela, en condiciones muy desiguales: Desde 1810 el ejército patriota más numeroso que pudo organizarse fue el que combatió en Carabobo el 24 de junio de 1821, que alcanzó unos 6.400 efectivos.

Por tanto, haber reunido la Corona diez mil soldados -aparte de otros cuatro mil hombres entre marineros, apoyos de logística y funciones administrativas-, significó un hecho extraordinario y susceptible de anonadar la voluntad de resistencia más firme.

Mosquitos, errores y Bolívar
El Libertador, recién llegado a Kingston, Jamaica, apenas enterarse del arribo de Morillo, escribe el 19 de mayo de 1815 a su benefactor Maxwell Hyslop, irlandés dedicado al comercio en aquella isla, un certero juicio respecto al significado que en lo inmediato tendrá la llegada a costa firme de las tropas conquistadoras de Pablo Morillo.

Tres fueron los factores que -seis años después del desembarco de las fuerzas peninsulares en Margarita-, inclinarían la balanza de la guerra a favor de los patriotas.

El primero, el clima tropical, las enfermedades y la picadura de animales a la que no estaban acostumbrados los soldados europeos.

El segundo, la errática manera de relacionarse Morillo con la población: Muchos venezolanos que al arribo del jefe español le saludaron con beneplácito, dejaron de simpatizar con los realistas en vista de las exacciones y maltratos con que se les trató. De allí que no obstante los triunfos de Morillo en Cartagena, el Semen y el sometimiento de Bogotá, no impidieron su derrota final. En sus campañas daba preferencia a los peninsulares que a los oficiales criollos realistas.

Y el tercer factor fue el genio militar desplegado por Bolívar en el nuevo contexto de las hostilidades, su perseverancia para unir a los jefes patriotas y acopiar recursos en medio de la adversidad. Sin duda, el Libertador acertó en su lectura acerca del significado del ejército expedicionario que arribó a Margarita en 1815, así como en la estrategia de articulación de los factores internos y externos para derrotar a las fuerzas del colonialismo, como se evidenciaría en la liberación de Guayana de 1817, y las Batallas de San Félix (1817), Queseras del Medio (1819), Boyacá (1819), y Carabobo en 1821.

Sinóptico
1803
Toussaint de Louverture

Este día muere prisionero en Portalier (Francia), Toussaint de Loverture, principal impulsor de la abolición de la esclavitud en Haití, y protagonista de un fundamental período de la revolución iniciada en 1790 en dicha isla y que inspiró la emancipación de la mano de obra esclava en otras regiones del mundo. En Haití, colonia francesa, la desigualdad era tal, que si un amo daba muerte a su esclavo, se le castigaba con multa; mientras si el esclavo quitaba la vida a aquel, debía morir de forma “lenta y dolorosa, como la mutilación de miembros y la hoguera”. En casos de faltas menores se le azotaba o colocaba “máscaras de

hierro o collares de ahorque”.  En un país cuya población para la época se componía de “30 mil blancos, 28 mil libertos y mulatos, y 452 mil negros esclavos” (T. Richarson), no resultaba difícil que Toussaint congregara hacia 1796, un ejército de 50 mil soldados, muchos milicianos, y la mayoría exesclavos. Con ellos aseguraría en 1798 la soberanía haitiana. Sin embargo, en 1802 Napoleón Bonaparte envió desde Francia una fuerza de 25 mil hombres para someter la isla; su jefe, general Leclerc, tendió una celada y capturó a Toussaint, enviándolo prisionero a Francia, donde fallece en cautiverio el 3 de abril de 1803.

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