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Diariovea | May 23, 2013

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Conspiración septembrina

Marelys D’Arpino
darpyaso@cantv.net
Corresponsal Prensa Universitaria Internacional

Ayer recordamos el asalto al Palacio Presidencial de Bogotá aquel 25 de septiembre de 1828, cuando la oligarquía anárquica auspiciada por Francisco de Paula Santander, logró penetrar las estancias privadas de Simón Bolívar, con la intención de darle muerte.
A eso de las 12 de la noche, los insurrectos invadieron el Palacio de San Carlos, comandados por Pedro Carujo, con el visto bueno de Santander que para ese momento era Vicepresidente de la república neogranadina, como resultado de un proceso impulsado por intelectuales y militares que se reunían en grupos que denominaron “Sociedades de Salud Pública”. Al penetrar las instalaciones del palacio presidencial arremetieron contra la escasa custodia, crucificaron con sables al cabo centinela Andrés Ibarra, asesinaron al coronel William Ferguson, y avanzaron hasta los dormitorios, allí la reciedumbre de aquella ecuatoriana, Manuela Sáenz, singular mujer que venía de participar en movimientos libertarios y encuentros secretos en las cercanías del Cerro Ancón de Panamá, no se arredró y espada en mano logró desviar a los mortales emisarios, mientras el Libertador salía por la ventana de su habitación, de allí a la calle, a un puente donde el pueblo lo rescata y lo escolta a su sede. Simón agradecido la denominó “Libertadora del Libertador”.
La historia se repite, aunque no exactamente, porque ayer nadie asaltó la sede del gobierno, sin embargo la intensa lucha política ha llevado a ciertos sectores de la oposición a incurrir en acciones que pudieran verse como atentatorias, contrarias al espíritu democrático que caracteriza al venezolano, sigue la guerra mediática, se descubren acuerdos poco éticos, se revela el paquetazo oculto que la MUD se empeña en esconder, se avizora la reventa de filiales petroleras, le ofrecen al país promesas contrarias a su idiosincrasia y es que los adversarios del poder y del gobierno actual, son adversarios del pueblo, porque en este último sexenio constitucional se ha enrumbado al país al socialismo productivo y moderno que nos permitirá tener una nación más plena, más próspera, con mayor bienestar, atentar contra ese propósito es una conspiración en sentido ciudadano.
Cuando el candidato adversario invita, exhorta, a sus seguidores a que en una determinada hora entonen el Himno Nacional y anuncien nuevo Presidente, está promoviendo una actividad inadecuada porque nadie debe adelantarse al árbitro electoral. La invitación no es un asunto baladí, y si esto sucediera podría crearse una reacción de respuesta por parte de los votantes a favor del candidato Hugo Chávez, y esa confrontación muy posiblemente causaría focos de violencia, esa exhortación atenta, conspira, contra la paz ciudadana, y aunque la propuesta no se tipifica en el concepto del artículo 128 del Código Penal, constituye una provocación que podría alterar el orden público.
El momento que vive hoy Venezuela como etapa previa a las elecciones del 7 de octubre requiere de todos los actores la mayor prudencia posible, cada comando arreciará sus tácticas, y eso es válido, lo impropio es generar causas probables de conflicto porque la seguridad del pueblo es una sagrada responsabilidad, de allí que el llamado es a evitar confrontaciones que sin llegar al extremo santanderiano reediten un lamentable enfrentamiento.
En este mes de profunda ideologización y paroxismo político, la consigna es motivar al votante sin alentar la pugna elector-elector, es cuestión cultural, y en este tema el sociólogo francés Pierre Bourdieu en su obra Questions de sociologie nos adentra al complejo mundo de las reacciones culturales, de cómo se articula lo simbólico en los procesos de reproducción, diferenciación y construcción del poder, para alertarnos sobre las reacciones individuales y colectivas que ciertos hechos son capaces de generar.
En un ambiente tan candente como el de este septiembre no se trata de apagar cada candelita que se encienda, sino de evitar llamaradas.
Votemos, esperemos al árbitro y ¡celebremos!