Voto duro


MARÍA CORINA MACHADO es algo más que una candidata presidencial entre los seis participantes en las primarias del 12 de febrero. Es algo más que la guinda en ese coctel. Algo más que la representante del género femenino (aun cuando a ella, por razones genéticas, no le interesa mucho que se la identifique con faldas). En otras palabras, es algo más que decoración. ¿Por qué este escribidor lo dice? Porque sin duda ella es ella y mucho más. Es ella porque tiene atributos para hacer política. Demuestra coraje y coherencia en lo que afirma públicamente -no sé si en privado la tendrá. Pero, además, hay un conjunto de factores tras ella. Pienso que la ultraderecha, ¡por fin!, halló una buena representación para figurar con perfil propio y autonomía en el campo electoral. Alguien que no tiene temor a mostrar lo que es, a decir lo que siente. A ser vocera del impopular mensaje de la ultraderecha. A reivindicar toda la chatarra de sus propuestas, precisamente en momentos en que el mundo colapsa ese legado anacrónico.

 

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MARÍA CORINA TIENE la virtud de encarnar todos esos valores -o antivalores-. Por ejemplo, el culto a la propiedad privada en abstracto y en concreto; a la concepción de lo que es la “gente decente” por contraste con el “herraje”; a los conceptos que aquellas tendencias derechistas resumen en el lema “tradición, patria y familia”; a esa mezcla de opusdeísmo con ideología colonial de los “amos del valle”. Algo que se expresa en ella gestualmente. En el rictus petrificado de su rostro. En la manera como se limpia la cara cuando besa a una humilde mujer del pueblo. En la forma impasible, casi con desprecio, con que suele escuchar las críticas. En el rudo apretón de manos con que saluda para transmitir la impresión de que es la “dama de hierro” de la política venezolana. Y, también, por su culto a los preclaros representantes de la derecha estadounidense, que manifestó en aquella emblemática entrevista con Bush en la Casa Blanca, donde hizo gala de sus depiladas rodillas (Milagros Socorro dixit) y una sonrisa que nunca dispensa a los dirigentes venezolanos, estén donde estén.

 

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SU CAMPAÑA LA RETRATA de cuerpo entero. La recoge fielmente su consigna “¡Vota Duro!”. Porque marca la diferencia. Prácticamente les dice a sus compañeros, a quienes compiten con ella en las primarias, que, pese a ser mujer, es la dura, mientras que ellos son los blandos. Todo un mensaje a García. Porque en el fondo ella los desprecia al atribuirles debilidad. Voto duro es política dura, es mensaje duro, rescate de la concepción del poder sacralizado, antichavismo rabioso, pero también reacción contra los compañeros de ruta, de quienes consideran que enmascaran el mensaje para congraciarse con el autócrata, y, de paso, escupirles al rostro con complacencia indebida y presionarlos para deslindar con claridad o radicalizar las posiciones que mantienen.

 

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SIN DUDA, MARÍA CORINA presta, actualmente, un gran servicio en la política, y sería un grave error banalizarla, porque su actitud contribuye a sincerar el discurso y facilita que afloren las verdaderas intenciones de la oposición. Su actuación no es teatro, es realidad. Lo que ella dice es lo que siente parte de la oposición enferma de odio biliar, irracional, mientras que la otra parte, la que podemos calificar de “democrática”, no se atreve a rechazar por temor al veto, al cuestionamiento. Lo cual la hace callar, o a lo que es peor: Solidarizarse, tácitamente, con incontables errores y aventuras.-

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