Alfredo Carquez Saavedra

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 Siempre resulta de mucha utilidad echar de vez en cuando una mirada a los noticiarios de las televisoras comerciales criollas, especialmente de aquellas que registran un prontuario de complicidad con quienes durante más de dos décadas han puesto en práctica diversas iniciativas para tratar de salir del chavismo por los caminos verdes de la violencia, la desestabilización y hasta de la intervención extranjera.

Pero no trataremos hoy el caso Venezuela. En esta oportunidad llamaremos la atención sobre cómo han sido tratados en Globovisión y Venevisión, los hechos noticiosos surgidos de la dinámica política y social de dos naciones latinoamericanas: Cuba y Colombia.

En el caso de Cuba, las dos plantas citadas siguen el mismo relato difundido por los grandes medios y las redes sociales desde Washington y Miami. Según estas televisoras, que al repetir ese discurso mediatizado se hacen parte del mismo, el régimen comunista y come niños antillano desató una marea represiva que se ha traducido en cientos de detenidos, desaparecidos y un hombre fallecido.

Lo curioso es que tales denuncias muy generales y presentadas en notas generosas de segundos, han tenido como informantes personas u organizaciones radicadas en La Florida, es decir, el reducto de cualquier contrarrevolución, de lo más atrasado de la política estadounidense y el último refugio de Donald Trump y sus secuaces, después de su derrota electoral.

En cambio, el tema Colombia, si aparece por obligación de las circunstancias en algunos de estos canales, es tratado con pétalos de rosas. Si se habla de las protestas populares que llevan meses, se menciona la palabra vandalismo, muy utilizada en el Palacio de Nariño para justificar desapariciones y asesinatos reales que ya suman al menos tres dígitos en menos de un año.

En ese asunto incómodo sí que no se hace uso de los antecedentes ni del contexto. No se habla del paramilitarismo ni de las masacres ni del narcotráfico ni mucho menos de las agresiones promovidas por Iván Duque y su jefe, el Matarife, en contra de nuestro país.

Obviamente, no debe pedírsele peras al olmo; tampoco al horno, Manuel Rosales.

 

 

 

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