Venezuela siempre grande. Capítulo IV

Yuleidys Hernández Toledo

Venezuela sigue sin entender porqué algunos fanáticos e historiadores insisten en llamada a Rómulo Betancourt el supuesto “padre de la democracia”, cuando realmente fue un tirano que derramó la sangre de sus hermanos y hermanas de nacionalidad. Ella lo vivió en carne propia, a ella nadie le puede mentir. La patria fue testigo de las órdenes del adeco de “disparen primero y averigüen después”. Una instrucción que cumplieron sus esbirros a cabalidad y que costó cientos de vidas, dejo heridos físicos, pero también de alma.

El llamado “padre de la democracia” también fue de lleno contra la libertad de expresión. De hecho 1962, el año en el que sucedieron diversas insurrecciones, algunas militares y otras cívicos-militares, Betancourt incrementó su asedio contra los diarios.

“El 22 de enero fue suspendido nuevamente el diario El Clarín, tras seis días de su reaparición; el vespertino La Hora fue sacado otra vez de circulación; también su similar La Tarde sufrió el mismo destino. Las oficinas de estos medios fueron asaltadas el 5 de mayo por agentes de la Dirección General de Policía (Digepol). A la lista se suman los impresos Izquierda y Gaceta Parlamentaria. Tribuna Popular fue clausurado de forma definitiva el 7 de mayo. El diario El Nacional no escapó de las reprimendas oficiales (…) El jefe de Información del diario, José Ganímez Obregón, fue llamado al Congreso y relató que ‘todas las noches se presentaban en la redacción dos personas, autorizadas por el Ministerio del Interior, a revisar el material’…” (350).

Para defender al pueblo renuncia

En medio de esta censura y después de la masacre de El Porteñazo, la Patria verá como el 30 de junio de 1962, uno de sus hijos guerreros, con sentir patrio y amor a su pueblo, renuncia al Congreso para irse a las montañas a luchar contra la tiranía de Betancourt. Se trata de Fabricio Ojeda, el mismo que había impulsado el derrocamiento de Pérez Jiménez con la creación de la Junta Patriótica.

“Vengo ante ustedes a expresar la decisión de dejar el Parlamento, este recinto que pisé por la voluntad del glorioso pueblo caraqueño, hoy oprimido y humillado, para subir a las montañas e incorporarme a los compañeros que ya han iniciado el combate y con ellos continuar la lucha revolucionaria para la liberación de Venezuela, para el bienestar futuro del pueblo, para la redención de los humildes” (351), dijo Fabricio aquel día en el Parlamento; Venezuela lo escuchaba atentamente porque sabía que el líder de izquierda, admirador de la Revolución Cubana y de Martí estaba diciendo a sus colegas parlamentarios las verdades.

Se fue a las montañas a luchar por el pueblo. Foto Internet

“Estoy consciente de lo que esta decisión implica, de los riesgos, peligros y sacrificios que ella conlleva; pero no otro puede ser el camino de un revolucionario verdadero. Venezuela –lo sabemos y lo sentimos todos–, necesita un cambio a fondo para recobrar su perfil de nación soberana, recuperar los medios de riqueza hoy en manos del capital extranjero y convertirlos en instrumento de progreso colectivo. Necesitamos un cambio a fondo para liberar al trabajador de la miseria, la ignorancia y la explotación; para poner la enseñanza, la técnica y la ciencia al alcance del pueblo; para que el obrero tenga trabajo permanente y sus hijos amparo y protección. Venezuela, en fin, necesita un cambio profundo para que los derechos democráticos del pueblo no sean letra muerta en el texto de las leyes; para que la libertad exista y la justicia impere; para que el derecho a la educación, al trabajo, a la salud y al bienestar sean verdaderos derechos para las mayorías populares y no privilegios de escasas minorías. Pero nada de esto podrá lograrse en un país subdesarrollado y dependiente como el nuestro, sino a través de la acción revolucionaria que concluya con la conquista del poder político por parte del pueblo. De otra manera, tanto los instrumentos de poder como los medios de riqueza, continuarán en manos de los monopolios internacionales y de las castas oligárquicas del país, con la consiguiente explotación de los trabajadores, la proliferación del hambre y la miseria y el abandono permanente del pueblo. Esta situación precisa una transformación estructural que cambie el sistema formalista de la democracia por la efectiva realización de la misma; es decir, que arrase con todo lo podrido, con todo lo injusto, con todo lo indigno de nuestra sociedad y en su lugar erija una nueva vida de justicia y libertades” (352), expresó.

Venezuela lo aplaudió con todo el corazón; ella conocía muy bien el dolor que estaba pasando el pueblo que vivía en la miseria, que no tenía acceso a la educación, a la salud, mientras los monopolios petroleros estadounidenses amparados por Betancourt, seguían llevándose los mejores beneficios de las riquezas nacionales. Ella veía a diario el dolor de sus hijos e hijas en los campos, en el llano, en los páramos, en las costas, en el centro, en los cerros de Caracas.

Más adelante agregó: “Ya el grupo que gobierna ha demostrado hasta la saciedad que solo conoce el método de la violencia, el camino de la ilegalidad. Frente a su soberbia no cabe otra actitud que aceptar el reto y disponerse a combatirlo con sus mismos métodos, para que los venezolanos puedan, libres del gobierno de Betancourt, libres de sus odios e intrigas, de su corrupción e incapacidad, de su politiquería y pequeñez moral, de su sectarismo y maldad, darnos un gobierno verdaderamente nacional, respetuoso de la ley democrática, fiel servidor del pueblo y leal a la independencia y soberanía nacionales” (353).

Finalizó su declaración de renuncia diciendo: “Convoque, pues señor presidente, al suplente respectivo, porque yo he salido a cumplir el juramento que hice ante ustedes de defender la Constitución y las leyes del país. Si muero no importa, otros vendrán detrás que recogerán nuestro fusil y nuestra bandera para continuar con dignidad lo que es ideal y saber de nuestro pueblo. ¡Abajo las cadenas! ¡Muera la opresión! ¡Por la Patria y por el Pueblo! ¡Viva la Revolución!’…” (354).

Venezuela estaría atenta de sus luchas, porque sabía que lo hacía por amor a ella, a la Patria.

350 Independencia 1962. Centro Nacional de Historia. Páginas 46-47. https://issuu.com/agn-venezuela/docs/1951-1970.

351-354. Centro de Documentación de los Movimientos Armados.  http://www.cedema.org/ver.php?id=2105.

Aquí puedes leer las tres entregas anteriores del capítulo IV.

Betancourt da inicio a la dictadura representativa con su régimen. https://bit.ly/2Dsjuec

Betancourt viola la Constitución y su régimen asesina a Livia Gouverneur (II). https://bit.ly/2DqQYth

 Comienza la lucha armada ante el baño de sangre que causa Betancourt (III). https://bit.ly/31aQqA2

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Este contenido está protegido !!