“El pueblo en su engaño
cree que la alta burguesía,
va a llevarte flores al Panteón Nacional
cada Aniversario de tu muerte."
"Y entonces ¿a que van, pequeño compatriota?."
"A asegurarse que estés bien muerto
Libertador, Bien muerto.”
Cancion Bolivariana (Alí Primera)
Juan Carlos Toro H.
jc_caracas@hotmail.com
Hace unos día atrás pudimos observar en la prensa nacional e internacional el gran despliegue mediático que acompañó a las diligencias llevadas a cabo en Chile para determinar cuales fueron realmente las causas de la muerte del presidente socialista Salvador Allende Gossens en el año 1973.
Pruebas forenses ya habían sido practicadas a los restos de Allende en los años 1973 y 1990 una vez retornada la “democracia” al país. Estas pruebas determinaron que el primer mandatario socialista se había suicidado aquel día 11 de septiembre del 73’ en que era bombardeado el palacio de La Moneda, paradójicamente con el fusil AK-47 que había sido obsequiado por su gran amigo, Fidel Castro.
Ya han transcurrido 38 años desde aquel tan terrible desenlace y hoy vuelven a florecer ciertas interrogantes acerca de los hechos acontecidos en aquellos tiempos de revolución a la chilena, es decir, con empanadas y vino tinto como la catalogara el propio Allende.
Evidentemente para la familia Allende es de suma importancia saber cuales fueron las causas reales de la muerte del líder revolucionario, sin embargo y como suele ocurrir en estos casos, la exhumación de los restos del ex presidente estuvieron acompañados por un desfile mediático de oportunistas de la política chilena que no desperdician oportunidad alguna para utilizar sin escrúpulo alguno y a su conveniencia, situaciones como esta.
A estas alturas, y con muy poca extrañeza, se pudo observar ya la recurrente escena en el acontecer político chileno. Esta vez acompañando a la familia Allende Bussi en las diligencias legales de dicho trámite se encontraban:
- Los presidentes de los partidos de la Concertación, sector político que una vez retornada la “democracia” al país, no dudó en ningún momento en llevar a cabo una serie de políticas que encaminaron al país a transitar por el duro camino del neoliberalismo que hasta la fecha transita.
- Ex revolucionarios que han sufrido una especie de amnesia aguda y colectiva que les ha hecho olvidar las escenas de violación a los derechos humanos que durante toda la dictadura (1973-1989) se hizo presente, e inclusive en sus posteriores “gobiernos democráticos”.
- Señores y señoras que no han dudado en estrechar la mano sangrienta de asesinos enquistados aún en las Fuerzas Armadas y en el actual gobierno chileno. Los cuales torturaron e hicieron desaparecer a familiares, amigos/as, vecinos/as, compañeros/as de estas mismas personas.
- Políticos que formaron parte de los gabinetes de los diferentes gobiernos de la Concertación y que defendieron las políticas represoras aplicadas durante sus gobiernos muy similares a los utilizados en dictadura.
- Políticos que cambiaron el sueño de un país digno y libre por un bienestar personal engordado durante sus exilios en el extranjero, principalmente en Europa y posteriormente en el Chile democrático.
Al observar esta escena debo confesar que muchos sentimientos se apoderaron de mí, siendo el más resaltante el de desilusión, al ver cómo el oportunismo y la degradación humana no tienen límites en algunas “personas”. Allende está muerto, eso si es seguro, y tal vez esto sea lo más importante para los señores y señoras que tan solo querían cerciorarse de que así fuera, pues para estos sectores no es conveniente que vuelvan a merodear por el suelo chileno los sueños de libertad y dignidad de un pueblo. Sin embargo, hay algo que estos señores y señoras no saben aún, y es que el pensamiento y la lucha de Salvador Allende hoy en día están más vigentes que nunca en las luchas que se están dando especialmente en nuestro continente Latinoamericano y Caribeño para alcanzar una vida digna para nuestros pueblos.
Muchos esperamos que sea el sueño y la lucha de Salvador Allende la que siga estimulando las luchas de un pueblo chileno que ha decidido despertar del largo letargo provocado por la extrema enajenación impuesta por la dictadura militar y la implementación del sistema neoliberal casi a su perfección. Solo de esta forma podríamos torcerle el brazo a la ciencia y decir que efectivamente Salvador Allende no ha muerto, aunque muchos así lo deseen.

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