Alfredo Carquez Saavedra

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La Organización de Países Exportadores de Petróleo cumplió 61 años la semana pasada y como ocurre cada año, en esta oportunidad también se ensalzó el papel de esta organización, una de la pocas creada por naciones en desarrollo que han logrado subsistir en el tiempo, a pesar de las acciones encubiertas o abiertas de los gobiernos de los grandes países consumidores como Estados Unidos. Para muestra recordemos los discursos y hechos de gobiernos como los de Ronald Reagan, Barack Obama, los Bush padre, Bush hijo y el propio Donald Trump y el sufrimiento de los pueblos de Irán, Irak, Libia, y Venezuela.

En el nacimiento de la OPEP el Estado venezolano jugó un papel fundamental. Se que en cada aniversario se destaca la figura de Juan Pablo Pérez Alfonso, ministro de Minas e Hidrocarburos durante el gobierno de Rómulo Betancourt, más tarde disidente adeco y luego, una especie de místico al final de su vida.

Sin embargo, poco se dice acerca del hecho de que los primeros intentos y contactos con las naciones productoras de crudo llevados a cabo por Venezuela (que luego alcanzó a concretar el autor del Excremento del Diablo y he ahí su mérito imborrable) se iniciaron en mucho antes de que finalmente se firmara en Bagdad, el pacto que dio inicio a lo que las agencias de noticias de los centros de poder económico denominan despectiva e intencionalmente como el Cartel Petrolero.

Ya en 1950 una delegación de funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores y de Fomento (aun este despacho, hoy extinto, regía la materia petrolera) realizaron una gira por Arabia Saudita, Irak, Irán, Siria, Egipto y Kuwait para “informar” acerca del régimen fiscal venezolano. No hay que olvidar que nuestro país no solamente era una República independiente con varias décadas de experiencia de relación y tensión dinámica con las compañías petroleras transnacionales (las famosas Siete Hermanas) y sus gobiernos, sino que además poco a poco había logrado construir todo un andamiaje legal que centímetro a centímetro le fue ganando terreno a la voracidad de las citadas empresas y sus metrópolis. En cambio los países del Medio Oriente mencionados venían, en su totalidad, de ser protectorados de Estados Unidos, Inglaterra y Francia.

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