Luis Zárraga

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La batalla electoral de las ideas ha concluido, por lo menos por ahora, con las elecciones para gobernador en Barinas. A partir de ese resultado hay que retomar con más fuerza la premisa del reencuentro entre las partes en disputa, para hallarnos con un mejor país.

Para ese reencuentro basta con volver a leer la novela del escritor venezolano Arturo Úslar Pietri, las Lanzas coloradas, que es una extraordinaria novela, un magnífico retrato de la Venezuela colonial y de la guerra, pintado por personajes dicotómicos que muestran tipos humanos opuestos entre sí y que podríamos adaptarlos al tiempo actual de nuestra patria.

Esa obra del hombre que llamó a sembrar el petróleo, refleja el absurdo de la guerra, el costo en vidas que se cobró aquella serie de cruentas batallas, así como la desilusión, la pérdida de ideales y la horrible sensación de que tras la batalla quedaría un país arrasado por la muerte y la destrucción.

Y ese absurdo no fue así, ya que tras la batalla las partes en pugna lograron acordarse para rehacer un mejor país como el que hoy avizoramos siga asomando en el horizonte venezolano.

En la novela fue la capacidad de Úslar Pietri de trasladarnos de la hacienda a Caracas, y de los asuntos del hogar a la guerra, la cual es soberana: resulta casi imposible perder el hilo, aun cuando se están tratando temas tan diferentes. La obra fue escrita en París entre 1929 y 1930 y publicada en 1931 en Madrid por la editorial Zeus, en la cual relata un episodio de la guerra de independencia de Venezuela, cuando la región del llano fue asolada por el general realista José Tomas Boves. El relato refleja el malogrado intento del Libertador Simón Bolívar de liberar la entonces Capitanía General de Venezuela del poder español.

Pero la narrativa de la novela nos lleva a la decisiva batalla de La Victoria, en lares aragüeños, con el general José Félix Ribas al frente, y donde al final se imponen los patriotas y aquí parte de lo escrito por Úslar:

La sangre chorrea de las lanzas, corre por las astas, se coagula en el labrado de las manos, trepa por los brazos tensos, alcanza los cuerpos y baña la mitad del caballo.

(…)

…con trajes de seminaristas, recibían de un hombre maldiciente una sumaria explicación del manejo de las armas. Suavemente dejó resbalar la mano de la reja, y fue a desplomarse sobre la tierra húmeda, la carne pesada de muerte, y teñida de sangre en el ocaso, las lanzas coloradas triunfantes en La Victoria, salvaron ese día la República.

Hoy, luego de la batalla de Barinas, retomamos las fuerzas para hallarnos con un mejor país.

Un país, como dijo Jorge Rodríguez, presidente de la AN, donde no exista la impunidad. «Si quieren diálogo basta de hipocresía (…) un diálogo con impunidad está destinado al fracaso, ¿quieren diálogo?, liberen a Alex Saab para que se reintegre a las mesas de diálogo (…)», indicó Rodríguez.

Por eso es que el presidente de la AN le expresó a sus colegas diputados: “Le pido al parlamentario José Brito, que investigue los delitos que fueron confesados, y paguen los responsables (…) Juan Guaidó recibió en 2021, más de mil 600 dólares por minuto (…) 382 millones de dólares recibieron entre 2020 y 2021, de los cuales dijo que utilizó 36 millones para los héroes de la salud y 8 millones para la Asamblea Nacional…», sostuvo Rodríguez.

Y agregó: “Guaidó utilizó 23 millones para la seguridad de la nación y 198 mil para Bandes. «En total, esos 382.873 mil millones de dólares desaparecieron. En todo este tiempo ha recibido más de mil 223 millones de dólares».

De igual forma suscribimos las palabras de Diosdado Cabello, jefe de la fracción del Polo Patriótico en la Asamblea, que enfatizó que sin amenazar a nadie, sencillamente se aplicarán las leyes para hacer justicia ante tanto robo y agresión de los recursos y bienes del Estado y del pueblo venezolano.

Cabello advirtió en su programa “Con el mazo dando”, que un grupo de personas tendrán su castigo, ya que han incurrido en acciones ilícitas. “Va a haber justicia, se lo prometemos, aquí va a haber justicia. No estamos amenazando a nadie, la ley es la ley, es dura, pero es la ley… Eso no lo inventé yo”, sentenció.

En las Lanzas coloradas, la guerra estalla en el corazón de la novela y se presenta de una forma sorprendentemente neutra, tratando a ambos bandos como iguales. Claro, al final, uno es el triunfador: los patriotas, y bajo su amparo se enrumba el país.

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