Néstor Rivero Pérez

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El 14 de octubre de 1813, la Municipalidad de Caracas aprobó mediante acta de sesión de ese día, que se aclamase a Simón Bolívar con carácter perpetuo como “Libertador de Venezuela”.

Todos sorprendidos

En agosto del año anterior, el joven e impetuoso caraqueño había partido de La Guaira como muchos otros patriotas en derrota, al exilio, sin mayor perspectiva provisto de su grado de “coronel Simón Bolívar”. Y el primer sorprendido debió ser sin duda Domingo de Monteverde, el aventurero canario quien había desconocido los términos de la Capitulación acordada con los delegados de Francisco de Mirandas el 25 de marzo de 1812 en San Mateo. El nuevo gobernante no salía de su asombro ante los éxitos militares de aquel a quien en agosto de ese año 1812, él mismo le había expedido pasaporte para que el joven a quien tachaba de turbulento, se embarcase en La Guaira, creyendo así desembarazarse de un problema interno. El jefe realista temía que el influjo de Bolívar pudiese alborotar la opinión de la provincia en contra del poder español, y reconociendo el grado de relaciones sociales del futuro Libertador, que incluso penetraba su propio círculo de poder, resolvió alejarlo del territorio y no reducirlo a prisión.

Genialidad oculta

En todo caso Monteverde no supo ponderar que el peligro militar que representaba aquel joven mantuano -puesto que hasta entonces solo se le conocían a Bolívar aptitudes como agitador y orador de la Sociedad Patriótica de 1811. Y del mismo modo que los monarquistas, los patriotas caraqueños que conocían al fogoso joven y que participaron con este en las incidencias de la Primera República, también resultaron impresionados viéndole ahora retornar a la cabeza de un ejército, invicto, como César llegando a Roma tras cruzar el Rubicón.

 

La gloria como móvil

El supremo gozo de los mortales, la gloria, tiene dos sentidos: Uno religioso, que se refiere a la plena excelsitud del espíritu en cuyo colmo el hombre o la mujer disfrutan la bienaventuranza de Dios, al modo de revelación divina. Y el otro, laico y de signo pagano, que es el deleite supremo de la buena reputación, la obtención de nombradía por hazañas y realizaciones insuperables y que dan al mortal jerarquía heroica cuyo brillo le eleva en medio de sus pares, incitando emulación y honor. Tal era el sentido que Bolívar, librepensador, de vocación quijotesca y con elementos masónicos en su pensamiento, dio al ideal de “gloria” al que tantas veces aludió en discursos y correspondencia.

Los votantes

A la sesión municipal de aquel 14 de octubre asistió un buen número de vecinos de Caracas. Con derecho a voto lo hicieron -además de Cristóbal de Mendoza, gobernador de la provincia y elector del Ayuntamiento, según las leyes de la época-; Juan Antonio Rodríguez Domínguez, entonces presidente del Cabildo caraqueño y quien había presidido el Congreso Constituyente de 1811 durante la memorable sesión del 5 de julio, así como Vicente y Jacinto Ibarra, alguaciles mayores y Andrés Narvarte, además de los munícipes Marcelino Argain, Miguel Camacho, F. Alvarado, Ventura Santana y Rafael Escorihuela.

 

Aclamación

El restablecimiento de la República, debido fundamentalmente a la celeridad en las operaciones militares de Bolívar y sus tropas, produjo tal regocijo en la población caraqueña y sus representantes dentro del Cabildo, que al momento de hacerse la proposición para otorgar el título de Libertador a favor del héroe, la decisión se tomó de inmediato por aclamación, trasladándose una comisión a cumplimentar e informar a este último en el inmueble de donde despachaba, acerca de lo acordado.

 

Sinóptico

1767

Saussure y la biología

Este día nació en Ginebra (Suiza) el naturalista y químico Nicolas-Théodore de Saussure, cuyas investigaciones contribuyeron de forma decisiva en la comprensión de los procesos de desarrollo de las plantas, así como en la fermentación bioquímica y la naturaleza de los suelos, cuyos resultados fueron publicados en 36 textos a lo largo de su vida. En 1662, cinco años antes de que Saussure viniese al mundo, Robert Boyle enunció el principio según el cual “la presión de un gas en un recipiente cerrado es inversamente proporcional al volumen del recipiente, cuando la temperatura es constante” y que se conoce como Ley de Boyle. Saussure habría de comprobar dicha Ley “mediante un nuevo método: Pesó cuidadosamente un matraz bien cerrado a muchas altitudes diferentes y descubrió que las diferencias de peso eran exactamente proporcionales a las diferencias en las lecturas de presión barométrica” (https://www.facebook.com). Saussure comprobó que los vegetales sintetizan compuestos: “Demostró también que la planta gana más peso que el que puede acumularse por el carbono incorporado como dióxido de carbono (…) pero, con igual importancia, el resto de la materia seca, con excepción de los minerales del suelo, proviene del agua”, terminando por verificar que la planta obtiene del suelo los minerales para su nutrición (https://en.wikipedia.org).

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