Alberto Vargas

@AlbertoAVargas.2

Mientras continuemos reproduciendo una educación que nos enseñe a obedecer y no a pensar seguiremos montados en lo que justamente se está combatiendo: al dominio o dominación que durante tres siglos ha perpetuado el criminal sistema capitalista, mecanizando y en el peor de los casos idiotizando a la población.

La educación debe organizarse en torno al trabajo productivo y así poder superar la escisión de los humanos entre sí y también su original unidad con la naturaleza. Deben sentarse las bases para una educación socialista centrada en la libertad y no en el dogma obcecado de la intransigente disciplina autoritaria con una relación, entre docente y alumno, dinámica y no mecánica, horizontal y no vertical.

Tenemos una educación estructurada para sostener y apoyar la autoridad de la clase dominante en el poder; en las escuelas, liceos y universidades, en la que se forja la cultura de la clase dominante y es allí donde emergen los lacayos servidores acríticos e incondicionales del capitalismo monopolizante y salvaje.

La educación en el marco del socialismo es la formación coherente y sistemática del estudiante integralmente desarrollado, forjado con sentido patriótico para la lucha, dotado de una ética y moral revolucionarias.

Es vincular al desarrollo integral del educando con la reestructuración de las relaciones sociales y con el activo papel que corresponde en este proceso de integración en el aprendizaje.

La labor de educación debe ser una actividad revolucionaria y transformadora con sólidos cimientos, socialista, basado en cuanto a comprensión y al digerimiento de la situación económica, política, cultural y social, de la sociedad, que es uno de los criterios básicos del sistema socialista. La médula de la educación socialista es la formación de los individuos con una cosmovisión científica, la fidelidad abnegada a la causa del pueblo y a los ideales socialistas, al amor a la patria socialista y el internacionalismo proletario.

El conocimiento de la teoría socialista debe estar orientado hacia la comprensión de la historia y el desarrollo socioeconómico y político de la sociedad, aunado al discernimiento de los acontecimientos internacionales y de sostener una intransigente lucha contra el capitalismo salvaje.

Estos objetivos tienen vialidad tras una educación integradora y contextualizada desde una perspectiva socialista, solidaria y en un plano de igualdad. Lo contrario sería la disociación que es justamente la pretensión de la ideología dominante que dimana el capitalismo salvaje.

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