Néstor Rivero Pérez

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El 1 de agosto de 1949, hace 72 años, fue inaugurada en Ciudad de México, la Exposición-Homenaje al pintor Diego Rivera, propulsor de la escuela del monumentalismo muralista, mediante la cual se expresaban numerosísimas composiciones de la vida ancestral del pueblo azteca. Entre otros cultores del muralismo destacan los nombres de José Clemente Orozco, Federico Cantú y David Siqueiros.

Muralismo

Por iniciativa de José de Vasconcelos, Secretario de Instrucción Pública entre 1921 y 1924 -bajo la presidencia de Álvaro Obregón- Diego Rivera junto con otros artistas plásticos fue contactado con el propósito de transmitir por vía del muralismo en espacios públicos, calles e interior de edificios oficiales, escenas del México aborigen. Pretendía Vasconcelos con su mecenazgo inducir por vía de las artes plásticas al ejercicio de una función educadora respecto a la masa de la población. Y el impacto de los primeros murales selló el destino de Rivera y sus acompañantes, puesto que lograron cautivar la atención de sus connacionales, lograron permanecer en el curso de las siguientes décadas a la cabeza de esta gesta plástica, adelantada a partir de la memoria agraria e indígena que se había visto reivindicada por la Revolución Mexicana de 1910.

Coatlicue

Los mitos del origen han constituido una fuerza animadora del espíritu de solidaridad grupal y de resistencia de los pueblos ante adversarios externos. Así, hace quinientos años, escultores mexicas trazaron en piedra los rasgos de Coatlicue, Diosa-madre de la Tierra, dotando de significado a las generaciones de mexicanos de ascendencia indígena. Y este es quizá el principal significado que quisieron transmitir con su obra los muralistas de la primera parte del siglo XX en la patria de Cuahutemoc. Y el mito repercutió hondamente en el ánimo de artistas plásticos como “Diego Rivera, José Clemente Orozco, Saturnino Hernán y Miguel Covarrubias, al grado de haberse convertido -Coatlicue- en la única figura prehispánica que ha sido la musa de los pintores mexicanos” (https://www.inah.gob.mx).

Héroe cultural

Quizá el universalismo del arte de Rivera -y he allí su destello de genio- radica en haber aplicado a las tradiciones históricas de la tierra azteca y en la escala de grandes proporciones, como requiere el vitral y la pintura en murales, técnicas aprendidas en la España del Greco y Goya, y en la escuela holandesa del grabado, desarrollada por Pieter Brueghel.

Caracterizado por los noveles cultores del muralismo como héroe nacional de la cultura en su país, la memoria de este creador ha sido honrada con el epónimo de una calle en México DF, así como con la colocación de su rostro en el anverso de los billetes de 500 pesos emitidos por el Banco de México. Al paso de las últimas décadas su obra se ha visto reivindicada mediante exposiciones, tanto en la propia capital mexicana, como en museos de Madrid, Moscú (Rusia) o San Francisco (EEUU). En esta última urbe, un gigantesco mural de treinta toneladas, pintado en 1940 por Rivera en el puente Golden Gate, fue trasladada en junio de este año al Museo Moderno de San Francisco, a objeto de colocarlo en un espacio al que accede un mayor número de personas con disposición a contemplarlo.

Exposición de 1949

En aquella oportunidad, y en presencia del artista, la actividad fue abierta por el presidente de México, Miguel Alemán Valdés, quien catalogó a Rivera de “genio como pintor”. Figuras de la política, la cultura y el espectáculo, dieron su apoyo al pintor, además de los varios miles de visitantes que diariamente ingresaban a las instalaciones del Palacio de Bellas Artes para disfrutar de la Exposición-Homenaje. “(…) en revistas y periódicos se publicaron decenas de reseñas positivas”.

Sinóptico

1914

Primera Guerra Mundial

Este día comenzó la Primera Guerra Mundial, que habría de finalizar en 1918. “La Gran Guerra”, como se le conoce, expresó la dinámica de nuevas fuerzas económicas que emergían en Europa a partir de la concentración de los grandes capitales que saltaron sobre sus fronteras nacionales para imponerse a nivel del continente europeo, unos contra otros y recolonizar las regiones periféricas, para la obtención de materias primas, y el control de rutas y mercados. La dinámica europea enfrentó dos bloques: de una parte la Triple Entente, capitaneada por Gran Bretaña, al lado de Francia y la Rusia zarista. En esta última triunfaría, en 1917 la Revolución Bolchevique. En el bloque contrario, la Triple Alianza, se agrupaban: Alemania, el Imperio Austro-Húngaro, Bulgaria y el Imperio Otomano (Turquía). Italia se declaró neutral, para adscribirse en 1915 a la Entente. La Triple Alianza o “Potencias Centrales” constituía ante a la Entente un bloque económicamente más retrasado en cuanto al desarrollo industrial. Al término de la contienda quedó destruido gran parte del viejo orden hegemónico mundial y surgió EEUU como nueva potencia determinante, al tiempo que emergía la Unión Soviética como llamarada de revolución socialista en un mundo dominado por el capitalismo.

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