Un día antes del 24 de junio, Jhon Naranjo y Adriana habían conversado que ya debían poner fecha al matrimonio luego de tres años de noviazgo. La pareja tenía previsto encontrarse ese día en horas de la tarde, para compartir y también para planificar lo que esperaban fuese la aventura más grande de su vida, pero la naturaleza, en forma de doble terremoto, le arrebató a la mujer con la que deseaba establecer un hogar, conformar una familia.

La triste historia la cuenta el joven a Diario VEA desde los escombros de lo que fue la casa de su novia en el urbanismo Hugo Chávez en Playa Grande, Catia La Mar, estado La Guaira. Es martes 14 de julio y Jhon, cristiano evangélico, se encuentra en el lugar tratando de recuperar documentos de la hermana, de 15 años, de su prometida.
La menor fue la única sobreviviente de la terrible tragedia. Está empeñado en encontrar la mayor cantidad de papeles formales para que la abuela de la niña, quien será su tutora de ahora en adelante, no tenga ningún tipo de problemas ante los distintos organismos a los que deba recurrir.
«Mi novia, su hermana (de 17 años), y sus padres, fallecieron», dice el joven de 31 años. «Solo sobrevivió la hermana menor de mi prometida de 15 años, Cristal, o Cristalita como le decimos. Ese 24 de junio era su cumpleaños», agrega.
John lleva los últimos cuatro días visitando la casa familiar de la novia. Relata que quiere recuperar para su cuñada una biblia que pertenecía a su padre. También busca otro texto bíblico que regaló a la mujer a la que quería desposar.
El joven debía estar ese 24 de junio con su prometida para celebrar un año más de vida de su cuñada de 15 años; pero también para festejar el amor y lo que sería el establecimiento de la fecha del matrimonio. No pudo llegar, pues «mi mamá como que presentía que algo malo iba a pasar, porque de repente se sintió mal».
Ese día el padre de John le pidió que ayudara a su mamá a colocar los precios de los productos en el local que posee la familia en Maiquetía, parroquia en la que residen. Durante la faena, su madre presentó indisposición estomacal y estado febril. Él estaba angustiado y se quedó al lado de ella. En un momento ambos se durmieron, ya eran las 4:00 de la tarde. Al despertarse le escribió a Adriana: sabía que ya era tarde para ir, y su madre seguía con mucho malestar. Su atención estaba centrada en ella, y dilucidaban si ir o no al médico.
Último mensaje fue de felicitación
A las 5:54 de la tarde del 24 de junio, es decir, 10 minutos antes de que iniciara el primer terremoto de magnitud 7.2 y que 39 segundos después ocurriera el de 7.5, Jhon y Adriana se escribieron un último mensaje de texto. No contó a Diario VEA lo que se dijeron en esas líneas, pues, su atención estaba enfocada en tratar de recuperar los papeles de la niña de 15 años, y pertenencias (recuerdos) de su prometida y de su familia.

Dos días después, vía mensaje de WhatsApp, comenta a este portal que Adriana estudiaba Turismo y realizaba pasantía en un área vinculada al teatro. «Había creado una página para el teatro donde estaba terminando pasantías. Me dijo que me registrara para ver si le había quedado bien. Luego que hice el registro, me preguntó cómo le había quedado, y le respondí que estaba demasiado fina y la felicité. Siempre me hacía sentir orgulloso, era demasiado inteligente».
A las 6:04 de la tarde ocurrieron los movimientos telúricos que en menos de dos minutos cambiaron la vida de miles de venezolanos y venezolanas, especialmente la de los residentes de las regiones más golpeadas por el fenómeno: Caracas, Miranda, Aragua, Carabobo, Falcón y La Guaira, siendo está última la más devastada.
Jhon vivió los potentes sismos en casa, con sus padres. Gracias a Dios todos sobrevivieron. De inmediato quiso ir a la casa de su prometida; pero ni su mamá ni su papá ni el hermano lo dejaron salir. Todos estaban nerviosos, complementa vía mensaje de WhatsApp. Entre las 10:40, 11:00, de la noche, logró escaparse de sus familiares y cuando llegó a la casa de Playa Grande, su mundo se vino abajo. Le dieron la noticia de que su prometida no había sobrevivido y tampoco gran parte de su familia.
Los vecinos lograron rescatar a «Cristalita» con vida. «Ella no sufrió ni un mínimo rasguño, quedó totalmente sana» en lo físico, destaca.
Relata que fue al día siguiente, en horas de la mañana, cuando pudieron sacar los cuerpos sin vida de su novia y el de su hermana Esmeralda de 17 años. Los pastores, Romy y Damaris, seguían bajo los escombros. A ellos los consiguieron horas después: «Murieron abrazados, se querían mucho», indicó.
Papeles, anillo y biblia atesorados

Ese día, 14 de julio, Jhon está ataviado con traje negro y corbata en medio de un sol inclemente. A su alrededor, efectivos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, FANB, y funcionarios de obras públicas, recogían escombros. Él estaba esperando por ellos, quienes se comprometieron a ayudarlo a levantar restos de paredes y pisos de la casa construida por la Gran Misión Vivienda Venezuela, GMVV, para tratar de encontrar los papeles que la abuela de su cuñada necesita. También anhelaba encontrar una biblia y otros recuerdos para darlos a Cristalita.
Espera con cierta calma; pero quiere irse a ver a los familiares de su prometida. En las ruinas de lo que fue un hogar, donde hasta el 24 de junio reinaba Dios, la paz y el amor, como dijo John, hoy solo se siente dolor y angustia.
En lo que fue el suelo de la casa se aprecian fragmentos de lo arrasado por los potentes sismos. Paredes, techos, cabillas, vigas. Mezclado con estos materiales, peinadoras, algo de ropa, restos de colchones, cauchos y algunos papeles, revistas y textos bíblicos.
El 14 de julio Jhon pudo conseguir todo lo que buscaba para Cristal. «Lo único que no pude conseguirle fue el bolsito que usaba su papá, con una de las biblias de su papá; pero conseguí casi todo. La biblia grande de su papá junto con las otras biblias que estaba buscando; los documentos de la niña; la otra moto que estaba dentro del apartamento. Conseguí muchas cosas gracias al Señor», describe dos días después, vía WhatsApp.
Espera ir a llevarle todo a la menor de 15 años. Remarca que gracias a Dios ella está bien en materia de salud. «Extraña a su familia (…) Tiene mucho dolor» en el alma. Cuenta que ese 14 de julio, la pequeña tuvo la valentía de ir a ver las ruinas en la que quedó convertido lo que había sido un hogar para ella y sus seres queridos.
Además del amor y el cariño que siempre sentirá por Adriana, Jhon tiene en sus manos el anillo de compromiso que le entregó a la joven. También la Biblia que le había regalado, en cuya portada se lee: «Te alabaré con todo mi corazón», y más adelante el nombre: «Adriana Rausseo».
Además de apoyar a la sobreviviente Cristalita, el joven a través de la iglesia a la que pertenece, está entregando comida e insumos en zonas afectadas por los sismos en la entidad costera.

La vida puede resultar muchas veces incomprensible. Adriana y su familia eran creyentes en Dios, su casa quedó completamente destruida. La Iglesia que está en el otro extremo de donde se derrumbaron decenas de hogares se encuentra de pie. Se trata del primer santuario construido en La Guaira en 2023 en honor al entonces beato José Gregorio Hernández.
El corazón de Jhon está afectado por la pérdida de su prometida; por quienes se convertirían en sus suegros, y de su cuñada, es decir, su familia. Sin embargo, su fe en Dios parece estar muy viva y latente. Cuando lo conocimos, el día 14 de julio, lo primero que dijo fue «Dios te bendiga». La frase la repitió cuando nos despedimos. La misma bendición nos dio cuando lo saludamos dos días después vía WhatsApp.






