El legado del Congreso Anfictiónico de Panamá

Aún resuenan dos demandas que gozan de buena salud, las dos pronunciadas en diciembre, a guisa de legado, porque ambos titanes las hicieron cuando se despedían de esta dimensión

Aún resuenan dos demandas que gozan de buena salud, las dos pronunciadas en diciembre, a guisa de legado, porque ambos titanes las hicieron cuando se despedían de esta dimensión; sin embargo, una dista de la otra 182 años. Todo ciudadano nuestramericano debe llevarlas estampadas permanentemente en su sentir-pensar.

La primera demanda fue el 10 de diciembre de 1830, por El Libertador: «No aspiro a otra gloria que a la consolidación de Colombia. Todos debéis trabajar por el bien inestimable de la Unión: Los pueblos obedeciendo al actual gobierno para librarse de la anarquía, los ministros del santuario dirigiendo sus oraciones al cielo, y los militares empleando su espada en defender garantías sociales. ¡Colombianos! Mis últimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro».

La segunda fue el 8 de diciembre de 2012, por el Comandante Chávez: «No faltarán los que traten de aprovechar coyunturas difíciles para, bueno, mantener ese empeño de la restauración del capitalismo, del neoliberalismo, para acabar con la Patria. No, no podrán, ante esta circunstancia de nuevas dificultades —del tamaño que fueren— la respuesta de todos y de todas los patriotas, los revolucionarios, los que sentimos a la Patria hasta en las vísceras, como diría Augusto Mijares, es unidad, lucha, batalla y victoria».

Ambos solicitaban la unión por sobre todas las cosas y consagraron sus vidas por el bienestar de la república. Sin embargo, no solo velaron por sus naciones, sino que los dos hicieron ingentes esfuerzos para integrar Nuestra América, acorde al contexto histórico de cada uno.

Propósito del Congreso de Panamá

La obra Doctrina del Libertador, compilada por Manuel Pérez Vila, nos muestra como primer propósito del Congreso de Panamá, que «el Nuevo Mundo se constituiría en naciones independientes, ligadas todas por una Ley común que fijase sus relaciones externas y les ofreciese el poder conservador en un congreso general permanente».

Además de otros fines importantes, se debe recordar que se reconocía la autonomía política y el respeto del territorio de cada Estado miembro del tratado de unión, liga y confederación perpetua.

La intención primordial era lograr la unificación de los Estados Unidos de México, República Federal de Centroamérica (constituida por Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica), Colombia (conformada por Venezuela, Nueva Granada y Quito) y Perú, ante una arremetida imperial por parte de la rancia Corona española o del hegemón estadounidense, que ya había asomado su verdadero proyecto expansionista en diciembre de 1823, con la Doctrina Monroe.

Aprender del pasado apremia

Los acuerdos del Congreso de Panamá, instalado el 22 de junio de 1826, no llegaron a cristalizarse, lo cual trajo consecuencias inmediatas. En 1828, el diputado guatemalteco Antonio Larrazábal y Arrivillaga, encuentra a la República Federal de Centroamérica sumida en una guerra intestina que años más tarde la fracturaría en cinco pequeñas naciones: Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Belice era un territorio en el que los británicos, informal e ilegalmente, explotaban madera desde 1638, y que aún tiene problemas limítrofes con Guatemala.

En julio de 1829, México tuvo que enfrentar un intento de reconquista de España por parte de Fernando VII. Una expedición que partió de Cuba bajo el liderazgo del brigadier Isidro Barradas. El 11 de septiembre del mismo año, firmaron una capitulación en la que se acordaba que España no volvería a tomar las armas contra México. Desafortunadamente, para abril de 1836, Texas dejaba de ser territorio mexicano y pasaba a manos de Estados Unidos. Ya la República de Colombia para esa fecha había dejado de existir. Se había trasformado en tres naciones independientes: Ecuador, Venezuela y Nueva Granada. Esta última conservaba la unión voluntaria de Panamá hasta noviembre de 1903.

En 1828 se firma el Tratado de Montevideo, con el que se manda al traste el proyecto de José Gervasio Artigas y se crea el Estado Oriental de Uruguay, entre fuertes disputas de los intereses de la Corona británica, la oligarquía local, la argentina y la brasileña.

Mientras que en 1846 irrumpe la insurrección campesina en Venezuela con líderes visibles como Francisco José Rangel y Ezequiel Zamora, contra los excesos que se cometían en el gobierno conservador de Páez; el hambriento imperio norteño le robaba a México la mitad de su territorio en 1848. Ese fue el precio de no consolidar el Congreso de Panamá.

El legado

En Cartas del Libertador. Tomo V., editado por Vicente Lecuna, Bolívar le manifestaba con amargura al general Páez, en una misiva: “El Congreso de Panamá, institución que debiera ser admirable, no es otra cosa que aquel loco griego que pretendía dirigir desde una roca los buques que navegaban en alta mar… Su poder será una sombra, y sus decretos, meros consejos”.

El producto no fue el esperado, indudablemente, pero fue el antecedente para que años más tarde se conformaran instituciones multilaterales como la ALBA-TCP (2004), Petrocaribe (2005), la Unasur (2008) y la Celac (2011). Todas fueron promovidas por el Comandante Chávez en búsqueda de la alianza, la integración de los pueblos nuestromericanos, para superar nuestras diferencias (dialéctica) y tener alternativas ante las propuestas catastróficas que quería y quiere imponer el imperio estadounidense.

A doscientos años del Congreso

Hoy más que nunca cobra vigencia el Congreso de Panamá, y es más fácil tomar postura en un mundo sumido en guerras epsteinianas y que está dividido en dos: Uno es respaldar al hegemón norteño; el otro, es apoyar un modelo más humano e integrarnos para preservar la existencia de la humanidad en el planeta. La Revolución Bolivariana y el Gobierno Bolivariano apoya categóricamente el segundo modelo.

El autor es docente

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