Élites globales colonizaron el periodismo de investigación para evitar filtraciones inconvenientes

El autor es periodista y cronista político.

Clodovaldo Hernández

@clodoher

“Solo filtraciones autorizadas”, podría ser el lema de estos tiempos en lo que se refiere a la divulgación de secretos sobre los oscuros manejos del capitalismo hegemónico.

Las élites globales han cooptado y colonizado el periodismo e investigación y, con el control remoto en sus manos, sueltan solo algunos secretos, sacrifican a ciertos personajes y organizaciones para mantener protegidos sus intereses superiores.

Esto es lo que estamos viendo actualmente con la divulgación masiva de datos sobre depósitos en paraísos fiscales, en los llamados Papeles de Pandora.

La estrategia es básicamente la misma que se ha aplicado antes con otros fenómenos peligrosos para el statu quo: si surge en el mundo algún tipo de organización, un mecanismo de resistencia, una expresión política alternativa o una manifestación cultural que amenace al sistema global de dominación, este primero lo reprime con todas sus fuerzas, pero luego los replica, los remeda, crea organizaciones, mecanismos, expresiones o manifestaciones parecidos que simulen hacer el mismo trabajo, pero para defender los intereses del sistema.

Es complicado, pero con los ejemplos que surgen cada día se hace más fácil de entender.

Un caso clásico es el de las organizaciones no gubernamentales. Ellas surgieron para hacer frente al poder omnímodo de los gobiernos, como su mismo nombre lo indica, en asuntos tales como los derechos humanos y la protección del medio ambiente. Pero el sistema global de dominación las colonizó y ahora, por la vía del financiamiento, muchas de ellas son meros aparatos al servicio de los gobiernos de las naciones más poderosas o de las corporaciones multinacionales. Es decir, que son contrarias a su propia esencia.

Pues bien, con el periodismo de investigación se ha hecho lo mismo. Esta modalidad de comunicación ha sido siempre una gran amenaza para todos y cada uno de los factores de poder, en particular para las grandes corporaciones y los gobiernos de las potencias mundiales. Es por eso que ha sido secularmente combatido y perseguido, pero con el tiempo los estrategas de la estructura de dominación han encontrado una mejor ruta: Cooptar a los medios dedicados a la investigación y fomentar la creación de otros, para armar su propio tinglado comunicacional que les permita llevar a la hoguera de la opinión pública a algunos individuos o colectivos, mientras los grandes intereses empresariales y políticos del capitalismo se mantienen a salvo. Genial.

 

El “crimen” de las filtraciones no autorizadas

Si alguien tiene dudas respecto a cuál es el verdadero sentir de las élites mundiales respecto a las filtraciones de secretos, que se remita a casos como el de WikiLeaks y que vea lo que les ha ocurrido –y lo que eventualmente les ocurrirá- a Julián Assange, Edward Snowden y Chelsea Manning, cabezas visibles de una difusión de materiales confidenciales no autorizada por las élites, ocurrida hace apenas unos años y que puso a dar carreras a presidentes, reyes, magnates y celebridades.

¿Por qué los autores de aquellas filtraciones masivas han sido víctimas de persecución judicial, privación de libertad y hasta de violaciones a cuestiones tan sagradas como el derecho de asilo? Pues, tal vez sea porque los secretos que esas personas expusieron a la vista del mundo entero demostraban los crímenes de lesa humanidad cometidos con premeditación, alevosía y ventaja por los auténticos dueños del mundo. Y esa divulgación, para las élites, es, a su vez, un crimen muy grave, merecedor del castigo más estricto.

Un tiempo después de que esos personajes y medios divulgadores de datos fueron metidos en cintura, sometidos por la brutal fuerza de los gobiernos más influyentes del planeta (con la colaboración de otros, débiles y serviles), cobran protagonismo unas organizaciones mundiales que hacen algo parecido, solo que sus frutos son secretos de menos poder destructivo para el sistema, acusaciones que a pesar de su gran número, dejan a buen resguardo a los superpoderosos.

El plan es brillante, pues el sistema hegemónico tiene una válvula de escape para la presión de la sociedad y genera así la sensación de que es transparente, a diferencia de la otra parte del mundo, la que dominan sus oponentes geopolíticos, a los que se caracteriza como dictatoriales y opacos. Mejor imposible.

Nada está más lejos de la verdad que la cacareada transparencia de la pandilla capitalista dominante, pues el país jefe de este bando, Estados Unidos, oculta “legalmente” (mediante su legislación interna) tanto a sus propios ciudadanos como al resto del mundo, buena parte de las verdades sobre los más diversos acontecimientos y decisiones que han costado miles o millones de vidas humanas, han causado daños irreversibles a otros países o han destruido el medio ambiente a escala global. Con el subterfugio de la clasificación de documentos, muchos hechos de la historia reciente del planeta son catalogados de secretos durante años y en algunos casos durante décadas. Ese manejo de la información, amparado en unos rígidos conceptos de la seguridad nacional y de sus áreas de influencia globales, simplemente prohíbe que la gente se entere oportunamente de lo que ocurrió  en asuntos tan serios como las declaraciones de guerra, las invasiones, los golpes de Estado, los ensayos de armas y las causas de desastres socionaturales.

Una camarilla muy reducida se abroga el derecho a decidir qué deben conocer y qué deben ignorar los demás individuos, componentes de la gran mayoría de la sociedad e, incluso, de la humanidad. Por solo presentar un ejemplo: ¿Sabe el mundo qué ocurrió realmente el 11 de septiembre de 2001?

Por cierto, la atribución de clasificar como secretos las informaciones corresponde a los mismos actores de los hechos y las decisiones implicadas en tales datos, lo que garantiza su impunidad. Así de elemental es la vulneración de los derechos al conocimiento de la gente en estas superpotencias, que luego van por el mundo dictando cátedra de libertad de expresión y derecho a la información.

El que paga la orquesta, decide la música
No es de extrañar que los financistas de las investigaciones como las presentadas por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) sean grandes magnates y corporaciones capitalistas, como George Soros y la Fundación Ford. Tampoco lo es que muchos de los grandes sabuesos de la prensa que integran ese consorcio tengan el bondadoso respaldo financiero de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo (Usaid), considerada como la cara amable de la sanguinaria Agencia Central de Inteligencia (CIA); o de grupos de presión de EEUU dedicados a la injerencia en muchos otros países, como la National Endowment for Democracy (NED).

Lo extraño es que en general se le conceda legitimidad a unas investigaciones patrocinadas por entes que, en rigor, deberían estar también sujetos a la averiguación, pues son piezas del complejo industrial-militar-financiero-comunicacional o son sostenidos por sus “aportes”.

Buena parte de los propietarios de las empresas de comunicación que forman parte del coro de difusión de los Papeles de Pandora (y antes lo fueron de los Papeles de Panamá) tienen oscuros secretos del mismo tenor de quienes aparecen señalados con el dedo por esos medios.

Solo con fines retóricos, vale la pregunta de si el escrutinio de los Papeles de Pandora abarca también las actividades de Soros; las de las corporaciones que sostienen ala Fundación Ford; o las andanzas de la Usaid y de la NED en su promoción del “desarrollo” y la “democracia”.  Parece evidente que no, pues nadie pagaría a unos detectives  para que indaguen y revelen datos sobre los esqueletos que oculta en su propio sótano.

Un modelo copiado a escala
Lo que hacen los gobiernos de las potencias capitalistas y los zares de las supercorporaciones mundiales es reproducido a escala por las burguesías y los grupos de poderde los países subalternos de EEUU.

Si se quiere un ejemplo de manual, Colombia es el perfecto. La oligarquía neogranadina y su entramado narcoparamilitar es la propietaria de casi la totalidad de los medios de comunicación  de esa nación, incluyendo los que afirman hacer periodismo de investigación y que fungen de megáfonos a las sensacionales revelaciones de Pandora.

Tener el control de los equipos de periodistas investigadores les permite operar contra sus adversarios internos y externos y, al mismo tiempo, encubrir sus propias vergüenzas bajo la alfombra.

Un ejemplo específico dentro del ejemplo colombiano es que los dueños de la revista Semana aparecen entre los nombres más prominentes de los Papeles de Pandora en Colombia.

“Los banqueros Gilinski son dueños de los conglomerados empresariales Banco GNB Sudameris, Lulo Bank, Servibanca y Semana. Issac, Jaime (hijo de Isaac) y Gabriel Gilinski aparecen en los Papeles de Pandora. Los multimillonarios de Colombia se ubican en la posición número 4 entre los más ricos del país. Jaime aparece como beneficiario de al menos 19 sociedades offshore. Issac, el patriarca de la familia, aparece con 14 sociedades en paraísos fiscales. Gabriel, propietario de Semana aparece como accionista de Southstone Investments S.A, apoderado de Kentas Investments LTD, director suplente de Corporación Financiera Colombo- Panameña, S.A. (Colpafinsa) y beneficiario sustituto de la fundación de interés privado Lamont Foundation, a su vez dueña de Tenpark Holdings LTD”, señala una nota de Pluralidad, que se presenta como un portal de periodismo independiente financiado con donaciones de sus usuarios (necesario es acotarlo).

Semana, que antes de pertenecer a estos accionistas fue referencia de buenas prácticas periodísticas (aun siendo parte del aparato comunicacional colombiano), ha degenerado en una trinchera de combate mediático del uribismo, pero sigue presentándose como un enclave del periodismo de investigación. De hecho, un medio venezolano que integra el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (el portal Armando.Info) labora (o al menos estuvo haciéndolo durante un  tiempo) en la sala de Redacción de Semana, bajo la versión de que sus directivos son perseguidos políticos en el exilio.

 

Reflexión de cierre
Qué fuentes tan serias.
Marshall S. Billingslea, exsubsecretario del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, declaró que en sus pesquisas contra el representante diplomático del gobierno venezolano Álex Saab, ese organismo utilizó como fuentes a Juan Guaidó y a periodistas de investigación, entre ellos ¡Carla Angola!

Eso explica bastante bien por qué las causas contra Saab solo pueden mantenerse en pie mediante el atropello al derecho internacional y a punta de las típicas extorsiones y chantajes de la política exterior de EEUU contra países indefensos como Cabo Verde, donde el empresario está preso.

Ya es un despropósito que un ente como el Departamento del Tesoro de la superpotencia mundial que es EEUU, utilice datos provenientes de periodistas de investigación, cuando debe tener acceso a información mucho más directa. Pero es especialmente vergonzoso este hecho si se tiene en cuenta que es el mismo EEUU el que financia o paga los servicios de esos medios y periodistas. Queda en evidencia que se trata de una centrífuga utilizada para justificar lo que no tiene justificación.

Y es humorístico (mejor dicho, cómico) que un antiguo jerarca de ese Ministerio estadounidense, considere a Angola una periodista “de investigación”.

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