Entre 43 y 46 horas fue el tiempo que estuvo bajo los escombros, luego de que el doble terremoto del 24 de junio derrumbara el edificio El Palmar, en La Guaira, lugar en el que hacía vida. Ubicarse bajo una columna fue lo que marcó la diferencia entre la vida y la muerte, pues gracias a esa acción los escombros no cayeron directamente sobre ella.
Así lo relató Andrea Canónico, una joven de 23 años, luego que funcionarios de los Bomberos y Protección Civil del estado Trujillo lograran su rescate. Durante su relato dejó claro que nunca perdió la fe ni entró en desesperación; estaba convencida de que en algún momento la iban a encontrar, y así fue. Confiesa que solo fue consciente de la magnitud del siniestro, cuando los rescatistas la sacaron del lugar.
«Cuando yo salí, cuando me comenzaron a sacar, es que me doy cuenta de la magnitud de todo lo que yo tenía encima. En mi cabeza solo había un piso y ya, y no que el edificio estaba en condiciones», expresó. Andrea se encontraba en el piso 1, el edificio de cinco (5) pisos colapsó por completo sobre ella.
Tampoco estuvo preocupada por ella misma, pues sabía que se encontraba bien, solo tuvo algunos rasguños, golpes y moretones menores. Su preocupación siempre fueron su hermano y su tía, quienes aún se encuentran bajo los escombros, relató al periodista Barry Cartaya.
«Estaba era preocupada, no tanto por mí, sino por mis familiares, mi hermano y mi tía, que todavía estamos a la espera de que salgan con vida, que salgan con bien, porque ellos quedaron del lado de la terraza; yo quedé hacia la parte de la sala de mi casa», explicó.
Durante dos días estuvo confinada en una especie de círculo de aproximadamente metro y medio. «Lo único que podía era sentarme o acostarme, pero claro, estaba todo cubierto de escombros, piedras», indicó. Relató que el segundo día de su encierro, logró trepar un nivel por encima de donde se encontraba, buscando una salida, pero solo vio techo y muros rodeándola. «Intenté romperlo, pero no pude», señaló.
Los rescatistas llegaron a ella por medio de otro sobreviviente, un vecino del piso 3 que le pidió ayuda, a lo que ella respondió que también estaba atrapada. Cuando los rescatistas llegan hasta donde estaba el hombre, él les informa del paradero de Andrea, y comienzan las conversaciones.
«Fue cuando se pudieron comunicar conmigo, como a las 2:00 de la mañana del día jueves, creo. Empezaron a comunicarse todo ese día conmigo. No terminaron de llegar adonde yo estaba porque era bastante la distancia, era bastante lo que había que romper», describió.
Resaltó que los funcionarios nunca la dejaron sola, por lo que agradeció todo su esfuerzo y dedicación por salvarla. «Yo los escuchaba en la madrugada, en la noche, en la tarde. Yo no sabía qué hora era, pero siempre los escuchaba, que fue algo que también me alentó muchísimo a mantenerme firme en mi posición».
El tiempo que estuvo encerrada, Andrea se refugió en la fe. «Yo simplemente le dije a Dios: ‘Por favor, dame una segunda oportunidad de vida, si es que me la merezco’…», relató. Añadió que también le hizo una promesa, que cuando termine de pasar todo esto, empezará a cumplir.
Como reflexión, invitó a disfrutar y a compartir con la familia, «de las situaciones en general de la vida, no quedarse con lo material de una camisa, un pantalón, unos zapatos, que de cierta forma nos duele porque es fruto de todo nuestro esfuerzo, nuestro trabajo, nuestra dedicación a muchas cosas, pero valorar a las personas».
Finalizó invitando a exteriorizar «todo lo que sientes hacia las personas, hacia ti mismo, al mundo en general, al universo, a Dios, a quien sea que la persona crea, exteriorizarlo y vivir la vida al máximo».


