Chávez siempre exigió la presencia de una oposición, pero que fuera seria, trabajadora, constructiva, que hiciera propuestas y que debatiera, no la oposición que siempre tuvo el país: terriblemente destructiva, entreguista, carente de ideas y de propuestas. Es una oposición que agotó su existencia, y se vendió al mejor postor.
Al final, terminaron dejando el espacio político a la más pérfida de las dirigentes, incluso la más sanguinaria y la más arrastrada, la que ahora le está rogando a la Casa Blanca para que la dejen entrar a Venezuela. De estupidez en estupidez. La oposición que ahora es antiimperialista. Ahora pegando brincos por el contrato petrolero que se acaba de firmar, y que, más allá de las condiciones que le impusieron a Venezuela, y que realmente no las conocemos en profundidad, el país está ganando tiempo para no ser arrastrado a la situación de otras naciones a las que el imperio le puso la bota encima y los desintegró como países, como patria.
Es lo que la oposición no entiende y muchos sectores del chavismo tampoco. No se trata de decir no, sino de evitar que asesinen a un millón de venezolanos como lo hicieron en Irak, un país dividido en cinco pedazos; o lo que hicieron con Siria, donde siete facciones musulmanas se disputan el territorio y la venta de petróleo; o lo que hicieron con Libia, donde luego de asesinar a Gadafi, acabaron con uno de los socialismos en desarrollo más avanzados y ahora es un país controlado por tribus, muchas de ellas de vuelta al desierto, pero con “modernidad”, o la invasión a Panamá que costó 600 vidas y el terror sembrado a gente que solo quiere vivir en paz. O al México, que en manos de los gánsteres que antecedieron a Sheinbaum y López Obrador, lo estaban desintegrando.
Donde los Estados Unidos ha entrado, ha sido como una plaga de langosta, acaba con todo, destruye todo a su paso. El propio Trump hizo la advertencia después de llevarse a Maduro: “Hacen lo que le decimos, o los matamos”, así, con ese lenguaje tan “diplomático”.
Y tienes que resistir, porque enfrentarte, es esperar una matanza igual a los desastres mencionados; y la responsabilidad de un mandatario es impedir que su pueblo sea asesinado. Chávez lo sabía, por eso en sus discursos siempre decía “somos un pueblo pacifico, pero armado”, es decir, defendernos de quien nos agreda. Todo para no permitir que se desintegre el país.
Seguimos esperando a Cilia y a Nicolás.
El autor es periodista
@aureliano2327


