Son cerca de las 10:00 de la mañana, y Lorena Mijares reparte unos números, como parte de la organización logística, a familias que se encuentran en carpas instaladas en el Campamento Temporal César Nieves, en Catia La Mar, La Guaira. Saluda y nos pregunta a quién buscamos. Le decimos que otros vecinos y vecinas nos dijeron que habláramos con la lideresa popular Aracelis, que ella podría facilitarnos información del total de personas que se encuentran albergadas en el lugar luego del doble terremoto del 24 de junio. Nos dice que a quien buscamos está en una reunión.
De inmediato entendimos que ella también es una luchadora social, con mucho qué decir sobre la tragedia ocurrida y la manera cómo familias que lo perdieron todo, se organizan para enfrentar los daños causados por la naturaleza.
Sin ver ningún tipo de apuntes, y mientras anota los datos que le da una de las familias que perdió su hogar producto del doble sismo, Mijares detalla el martes 14 de julio a Diario VEA, que en las carpas se encuentran 380 familias, que comprenden 585 personas. Son afectados de Playa Verde, Zamora, Arrecife, ahí en el litoral central.
«Niños y niñas de 0 a 12 años hay 172, adolescentes de 13 a 17, son 89; adultos y adultas mayores son 170, esta última cifra incluye personas con algún tipo de discapacidad. Hay tres embarazadas», describe.
Tras resaltar que el campamento cuenta con el apoyo del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), es decir, tres agencias de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), remarca que en el lugar los menores de edad ven clases en una especie de escuelita, de 8:00 a 11:00 de la mañana, habilitada por la primera organización mencionada.
Sigue enumerando el aspecto logístico del campamento y describe que reciben dos (2) comidas, almuerzo y cena. El desayuno se lo garantizan los vecinos y vecinas; para ello cuentan con 21 cocinas que las familias lograron rescatar tras la tragedia. En ella ponen manos a la obra seis (6) familias. Están ubicadas en la parte final del refugio.
De igual forma comenta que están organizados en el campamento por sectores; en total son seis, y cada uno tiene un vocero.
La Guaira siempre se levanta
Descrito lo logístico, y luego de tratar de convencerla que permita que le hagamos un video donde mande un mensaje de esperanza al pueblo guaireño, dice que grabar no, «no estoy peinada, no estoy arreglada», mostrando de esta forma parte de la coquetería que suele caracterizar a la mujer venezolana, que siempre le gusta verse y saberse cuidada.
Sin embargo accede a enviar un mensaje al pueblo guaireño, «toma nota», exclama: «Claro que nos vamos a levantar y vamos a salir adelante. La Guaira siempre se levanta».

Lorena tiene 37 años; gran parte de su vida ha transcurrido en este estado. «Me críe aquí». Relata que vivió el deslave de Vargas en diciembre de 1999; aquel año las torrenciales lluvias se cobraron la vida de miles de personas y dejaron miles de damnificados. Comenta que aquel acontecimiento fue terrible; familias perdieron seres queridos, hogares. Acotó que se recuperaron.
Cuando tenía cerca de 24 años se fue a Carúpano, estado Sucre; hace ocho años regresó a su amado litoral central. Ratifica su confianza en que La Guaira se recuperará y saldrá adelante.
Del liderazgo a lo humano
Tras destacar la organización que han logrado establecer en el campamento para garantizar la sana convivencia, Lorena Mijares menciona el susto que vivieron ella y su familia el 24 de junio, día en que la tierra se estremeció con fuerza. Espera que un fenómeno de esta naturaleza no vuelva a ocurrir.
Agradece a Dios porque ella y sus hijos se encuentran bien. Es madre de dos varones (17 y 10) y una niña (8); los tres son deportistas. Los muchachos jugaban beisbol en Criollitos de La Guaira, el equipo que está de luto, pues el terremoto se cobró la vida de más de 100 menores. La pequeña juega volibol.
De inmediato comenta que en esta tragedia, los que más sufren son los niños y las niñas, pues explica que si el mundo del adulto se ve alterado, el de ellos también, porque quedan sin su rutina, sin su hogar, sin el espacio seguro que tienen en casa. Por eso destaca que a ellos hay que prestarles mayor atención.
Tras referirse a los niños y niñas que murieron en la tragedia, de enviar un mensaje a las madres, padres y demás seres queridos que están sufriendo por perder a los que más aman, rápidamente parece sacar fuerza del alma y el corazón para manifestar: «Hay que tener mucha fe en Dios. Si Dios nos dio la oportunidad de estar vivos, tenemos un propósito», y es ayudar.
La manera de Lorena de ayudar, parece estar enfocada en organizar a las familias que se encuentran en el campamento temporal, para garantizar así que el duro momento que atraviesan sea más llevadero.
Resalta que la organización del pueblo permitirá salir adelante.
Siguiendo con el espíritu de unión, agradece la solidaridad de todo el pueblo venezolano con La Guaira.
Enfatiza que personas de «otros estados fueron los primeros que nos tendieron la mano. Mucha gente fue solidaria». Llama a que esa solidaridad se mantenga, pues será necesaria para la reconstrucción de la entidad costera.


