Jesús Moreno

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En las elecciones (de segunda vuelta el domingo 19 de junio en Colombia) por la Presidencia de la República, el candidato izquierdista, Gustavo Petro, después de 214 años, derrotó a la oligarquía colombiana que estaba en el poder desde la ruptura de la Gran Colombia cuando Santander asumió la presidencia de esa nación, mientras Páez se quedaba con la de Venezuela.

Gustavo Petro ganó a su contrincante, el oligarca multimillonario ingeniero Rodolfo Hernández, un uribista disfrazado, al obtener 11.600.000 votos del pueblo colombiano a pesar del crimen, los paramilitares y narcotraficantes que habían llegado al poder político en la nación.

Tomará posesión el 7 de agosto y se aspira a que la paz sea la tónica de las fuerzas oligarcas salientes después de más de 200 años de dominio.

El triunfo se logró gracias al trabajo profundo del llamado Pacto Histórico que aglutinó a los diversos sectores del pueblo que decidieron unificarse y secundarse ante el monopolio de los dos partidos que manejaban la voluntades de los colombianos, el partido liberal y el conservador o godo, que eran lo mismo, dominados por oligarcas.

En sus primeras palabras a los colombianos dijo: “Este será un gobierno de la vida, será de paz, justicia social para todos; no llegamos para la venganza”, y allí estaba junto con la vicepresidenta Francia Márquez, mientras su opositor, Rodolfo Hernández, se dirigía al país para reconocer el triunfo en el que lo superó por más de un millón de votos, y dijo que esa era la intención, ya manifestada en la primera vuelta y ratificada el 19 de junio.

Los cinco períodos presidenciales que antecedieron al que asumirá en agosto hundieron a la nación en el paramilitarismo, el narcotráfico, la violencia, por eso Petro insiste en que su gobierno será para la vida, y que mantendrá un diálogo con todas las naciones del continente para lograr una América unida.

Una vecina que visitó Colombia cuando Gustavo Petro ejercía de alcalde de Bogotá, recuerda que ella le dijo: “Gustavo, haga una buena alcaldía para que sea un buen Presidente”.

El triunfo del domingo por el Pacto Histórico fue un gran paso para los cambios que Colombia está reclamando.

Dos de los grandes retos que afrontará el novel presidente para ordenar, del profundo problema social, el diálogo que tiene que desarrollar con el aparato militar acostumbrado al abuso por los años de lucha antiguerrillera y entrenado por Estados Unidos con sus siete bases militares en el país; el segundo, la poderosa influencia del narcotráfico en los diversos estamentos del Estado, especialmente en ascenso durante los gobiernos de Uribe y el actual presidente Duque, cuyo capital ha sido utilizado para acciones políticas.

Numerosos presidentes y dirigentes políticos del continente y el mundo han mostrado su contento por el triunfo de Gustavo Petro porque lo consideran beneficioso para toda América Latina.

Nicolás Maduro Moros, presidente constitucional de Venezuela, dijo, además de felicitarlo, “Nuevos tiempos se avecinan para el hermano país”.

Diosdado Cabello, dirigente del PSUV, expresó, además de felicitar a Petro, “esperamos que mejoren las relaciones y las cosas van a cambiar. Esta es una victoria de los pueblos. ¡Ojalá! los que se van no se pongan a inventar en estos días que les quedan”.

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