El 16 de abril de 1936, hace 90 años, el letrado merideño Alberto Adriani, y quien desde el 1° de marzo anterior se encontraba al frente de la cartera de Hacienda, publicó en las páginas de El Universal un artículo titulado La vieja plaga y nosotros, mediante el cual hurga en las causas del retraso histórico venezolano e invita a los distintos sectores del país a examinar las realidades propias de la nación y a evitar la hechura de “mundos artificiales”.
Mente esclarecida
A su modo, y con el instrumental teórico que acumuló en bibliotecas públicas durante su desempeño diplomático, o en el año y medio que antecedió a la desaparición física del Benemérito, lapso que Adriani debió pasar exiliado en Colombia, y en el lenguaje ilustrado de una élite emergente que pugnaba por definir el camino expedito para la modernidad de Venezuela, el hacendista a quien Mariano Picón Salas identifica como el representante más esclarecido de la generación postgomecista (Suma de Venezuela), esgrime su adarga conceptual con llamados a que guardase la mayor distancia respecto a las posturas que todo lo resuelven con la imitación de lo ajeno y el debate bizantino que niega asiento a la raíz histórica nativa, al momento de preparar discurso.
Invita al recién nombrado ministro a que se esté atento “a la dolorosa realidad venezolana… y a los clamores de nuestro pueblo… que pide trabajo en la tierra, en oficinas y talleres… pide hospicios, hospitales y acueductos… que se siente inhábil por la falta de instrucción y de técnica… en fin, todos los progresos que han de remediar su actual inferioridad en el mundo” [Alberto Adriani, diario El Universal, Caracas, 16-04-1936 (Tomado de: Colección Pensamiento Político Venezolano, tomo VII, Vol. I, Nº 14, pp 401-405)].
¿Hacia dónde apunta Adriani?
En este artículo, el autor de Labor venezolanista quiere alertar sobre los peligros de que se repita en la auspiciante coyuntura de 1936 la experiencia de la diatriba que despilfarra el potencial creador de la población en cuanto a la urgente acometida a que retaba el cúmulo de problemas nacionales, como las endemias y débil política sanitaria pública, la desnutrición, el analfabetismo, la desocupación y el desperdicio de oportunidades, para hacer de Venezuela un territorio con alto potencial exportador de alimentos.
Muchas de estas ideas se encontraban en el conjunto de propuestas ofrecido en discurso del 21 de febrero de aquel año, y las cuales han pasado a la historia nacional bajo el nombre de Programa de Febrero, uno de cuyos artífices -acaso el principal- fue precisamente Alberto Adriani, cuya pluma aspira a convocar voluntades creadoras que desde la diversidad de su procedencia ideológica concebían la posibilidad de lograr para su patria la superación del estancamiento y la frustración que padecieron dentro y fuera del territorio nacional los venezolanos en el curso de los 27 años de gobierno del general Juan Vicente Gómez.
La voz de Otero Silva
Conviene al respecto recordar el párrafo introductorio de un artículo que el mismo día 16 de abril escribiese Miguel Otero Silva (MOS) en el diario aperturista Ahora. Bajo el título Dinero, dinero, dinero, quien ha pasado a la historia como autor de las novelas Fiebre, Oficina Nº 1 La muerte de Honorio, celebra los cambios que en estos meses iniciales de su gestión adelantaba Eleazar López Contreras.
Dice MOS: “Consideramos el Programa como primer paso lógico de reacción contra la barbarie gomecista”. Sin embargo MOS advierte acerca de quienes expresan apoyo al Programa “como posible escalón… de un puestecito público” [Ibídem, Pág. 407).
“Debemos intentarlo…”
“¿Por qué descuidamos las realidades venezolanas? ¿Estaremos siempre condenados a imitar… a ser el eco… de esos literatos de la generación pasada, que se hicieron ‘mundos artificiales’, o a quedarnos siempre aquí, justificando todos nuestros pecados, como lo hicieron los sociólogos de la misma generación? ¿Será acaso imposible llegar nunca a planear una labor constructiva y civilizadora que surja de la realidad venezolana… que responda a nuestra vocación nacional? Debemos hacerlo, en todo caso debemos intentarlo (…) Es mucho más fácil discurrir sobre ideas generales, tejer diatribas ácidas y atiborrar cráneos… de ideas abusivas y propósitos desordenados, que pasar meses en el estudio meticuloso de algunos de nuestros problemas técnicos, imponerse una disciplina de trabajo, que permita dominarlo con desenfado” [A. Adriani, Colección Pensamiento Político Venezolano, Ediciones Congreso de la República, Caracas, 1983 / Tomo VII, Vol. I, Nº 14, pág 404].
Sinópticos
Día Internacional contra la Esclavitud Infantil
Desde 1997, cada 16 de abril se conmemora el Día Mundial contra la Esclavitud Infantil para honrar la memoria del niño paquistaní Iqbal Masih, asesinado a balazos el 16 de abril de 1995. El pequeño Iqbal empezó a trabajar con apenas cuatro años de edad, y al momento de ser asesinado contaba 12 años, edad en la que alzó su voz contra la explotación de los más débiles. Distintos movimientos a lo largo del mundo difunden la consigna “No son niños trabajadores, son niños esclavos”.
1887
José Martí cónsul
Radicado por ese tiempo en Nueva York, recibió el nombramiento del gobierno del Uruguay. En este país se le conocía por remitir artículos y crónicas con sabios consejos y previsores ideales para la vida y el progreso de los países hispanoamericanos a periódicos como La Nación de Buenos Aires, El Partido Liberal de México, La República de Honduras y La opinión pública de Montevideo.
1889
Charles Chaplin
Este día nació en Londres, Reino Unido, Charles Spencer Chaplin, uno de los más célebres exponentes del séptimo arte, actor, humorista, escritor y acróbata y quien simboliza el humorismo como forma de vida.
En un tiempo en que la industria del cine organizaba sus reglas, Chaplin logró instalar su creatividad y hacerse de un caudal de seguidores tan denso que su renombre alcanzó linderos de lo mitológico.
En numerosas oportunidades se le vio grabar escenas ciertamente peligrosas con su personaje “Charlot”, como patinar de espaldas al borde de un balcón sin barandas o colgar de lo alto de la escalera confiado solo en su equilibrio.
Entre sus filmes destacan El chico, Tiempos modernos y El gran dictador. Y a manera de un Quijote desarmado, su personaje obsequia flores a la bella viandante que padece hambre en las calles de Nueva York, o escuda imberbes perseguidos por un policía que hace por someterles en un retén.
En sus últimos años, huyendo del macartismo anticomunista de EEUU, se exilió en Suiza.
El autor es historiador, docente y abogado


