Iván Padilla Bravo: “Chávez desmontó el parapeto cultural de la burguesía”

Actual director del semanario cultural Todasadentro, brindó al portal adnagencia.info sus impresiones sobre el cambio de paradigma en tal vital área del quehacer humano.

Especial adnagencia.info

Iván Padilla Bravo tuvo la responsabilidad de ayudar a elaborar la estrategia del gobierno de Hugo Chávez para la “vida cultural” de la Venezuela de los primeros años de la era bolivariana. Además de cultivar la amistad como una virtud, Iván es un fino poeta, autor  de varios libros, entre ellos Caracas, sus esquinas: Imágenes y anhelos (crónica poética de la ciudad 1988).

Otro libro publicado de Padilla Bravo es El socialismo anda a pie (Caracas 2005). Fue Viceministro del Poder Popular para el Arte y la Cultura durante cinco años entre 2005 y 2010 y coordinador del sistema de revistas culturales y políticas conocida por el genérico Todasadentro. Prefiere auto definirse como «intelectual orgánico» de la Revolución Bolivariana. En los años 60 fue militante de la insurgencia armada.

ADN:  Iván,  cuál fue la orientacion estatégica de la Politica Cultural del Gobierno Bolivariano desde el año  2002?   

IPB:  Lo primero que debo decir es que, antes de la llegada de Hugo Chávez a la Presidencia de  la República, en Venezuela, lo que se conoce como «política cultural» era carecer de ella. Una política cultural es una estrategia, que se corresponde con una cosmovisión. Y toda cosmovisión, en las sociedades divididas en clases, se corresponde a alguno de los opuestos siendo la hegemónica la que imponen las clases dominantes. En el capitalismo que padecemos, la burguesía no ha necesitado nunca de una política cultural, porque para ella lo cultural es un adorno social reservado a unas élites creadoras que se venden como mercancías y «tienen un precio» o no existen. Es sólo Chávez quien, como gobernante con pensamiento revolucionario, desmantela -en los hechos- el parapeto cultural de las élites y nos dice «El Pueblo es la Cultura». Aquí ya hay una ruptura epistemológica, aunque no se comprendiera, ni se comprenda aún, claramente. Esa frase es clave y lapidaria, pero también el punto de partida de una nueva realidad que se está construyendo, en política cultural desde la Revolución y para los tiempos nuevos de la Patria socialista, que es como Chávez denomina a la utopía comunista.

ADN: ¿Cuáles fueron los principales obstàculos sociales para el desarrollo de esa Politica Cultural? 

IPB: -Los principales obstáculos son los establecidos por la sociedad capitalista, creadora de élites cultas sólo para ser vistas, pero inalcanzables. Y esos obstáculos están presentes como ideología, como falsa conciencia, que hace del creador, del poeta, del artista, del músico, un ungido, un ser especial, «bajado del Olimpo» y comprometido para que el pueblo jamás asuma el poder creador (recordamos el Credo, de Aquiles Nazoa) que éste tiene. Luego podemos desglosar obstáculos y obstaculitos pero todos tienen el tronco común de la clase dominante y sus ideas dominantes. Por eso es que hoy, todavía, aún desde la Revolución Bolivariana, las políticas culturales se siguen y seguirán perfilando. No están ni estarán en lo inmediato acabadas. Un paso adelante y dos atrás… lo que me parece clave es que Chávez nos haya ayudado a entender que El Pueblo es la Cultura.

ADN: ¿Que paradigmas, conceptos u orientación usaron?

IPB: El concepto fundamental ya lo mencionamos: ¡El pueblo es la Cultura! De allí se desprendieron múltiples acciones como la realización del Certamen Mayor de las Artes, para que todo artista -conocido o desconocido, con pedigree o sin él- mostrará su creación artística sin las fronteras de las élites. Lo mismo hicimos con el libro, y sus lectores y  escritores. Nos metemos en la campaña de alfabetización “Yo si puedo” y la UNESCO nos reconoce, para el mundo, como país libre de analfabetismo, publicamos masivamente obras de la literatura universal, como el Quijote, Los Miserables o Doña Bárbara y los distribuimos gratuitamente como una forma de garantizar la liberación que representa leer. Junto a eso nacen misiones educativas como Robinson, Rivas y Sucre el Tercer Motor (junto a otros cuatro) de uno de los planes estratégicos del Gobierno Revolucionario que apunta a convertir “Toda la Patria en una escuela”. En fin acción y pensamiento estuvieron sumados a una Revolución cultural que, como dijera el comunista Antonio Gramsci, estuviese comprometida radicalmente (hasta la raíz) en la “reforma intelectual y moral” de la sociedad. Hasta el logo-tema de identidad del, para entonces, recién creado Ministerio para acompañar las culturas (todas) en Venezuela fue aprobado a partir de una pintadera del pueblo indígena Panare (un «perro» y una «rana», según la interpretación de arqueólogos y antropólogos) y no como resultado de un concurso en el el que participaron sólo artistas  estereotipados por las academias de diseño, controladas por la simbología dominante.  En fin, Modesto Emilio, avanzamos pese a que muchos perros pretenden impedirlo ladrando, diría ahora recordando a Cervantes.

ADN: ¿Cómo articulaban con los movimientos sociales comunas, etc.?

IPB: -Las mejores articulaciones han sido las que se han dado siempre desde las bases, sin mucho formalismo. Los decretos que han querido formalizar este tipo de relaciones, las matan con el burocrático. Chávez crea el Ministerio de la Cultura y el de Comunas sin pretensiones burocráticas ni para hacer la tarea revolucionaria de acabar con el capitalismo. Sin embargo, todavía hoy, muchos funcionarios en esas responsabilidades olvidan que el deber revolucionario es acompañar y transformar para alcanzar la “reforma intelectual y moral” de la que hablaba Gramsci.

ADN: ¿Pudieron evadir la natural tentacion a la estatizacion de la política cultural?

IPB: No. Tampoco ha habido estatización de la Cultura por parte del Estado venezolano, pero hay un peligro mayor y es el de la perversión del neoliberalismo (la neoliberalización de al cultura) que por todas partes lo intenta y se cuela. Aquí está el gran desafío para vencer: que la Revolución avance por dentro de nosotros como queremos que también avance por fuera.

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