Néstor Rivero Pérez

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El 19 de noviembre de cada año se celebra en todos los países adscritos a la Organización de Naciones Unidas el Día Internacional sobre la Tolerancia, aprobado en 1996 por la Unesco.

¿En qué consiste?

Se puede definir la tolerancia como la disposición emocional o capacidad intelectiva del individuo a respetar, reconocer o aceptar ideas distintas en un campo de acción determinado. Y el vocablo conlleva la percepción y facultad de los seres humanos para -teniendo como punto de partida el código de valores, creencias y devociones profundas instaladas en su personalidad por los sistemas culturales, educativos y sociales-, dar pasos hacia la consideración del derecho que tienen otras personas a desenvolverse, lícitamente y sin perjuicio de los demás, con sus prácticas y usos y su opción de disentimiento en materia política, religiosa o cultural.

Ley y límites de la tolerancia

En términos de la soledad y aislamiento, poco significado posee la tolerancia, puesto que al modo de Robinson Crusoe en su isla perdida, nadie se beneficia ni padece si el extraviado marinero practica o niega la tolerancia. Asimismo, en sociedad la tolerancia posee sumo valor respecto al grupo que ejerce poder, controles de desenvolvimiento en lo económico, político, religioso o cultural. Así, frente a la imposición de hábitos o costumbres que contraríen el albedrío del ciudadano en una sociedad moderna, se asume como árbitro la ley, a cuyo veredicto deben atenerse el gobernante y el legislador, así como el propio juez para aplicar sentencia, y la ciudadanía en su variadísimo mosaico de opiniones, obligada a desempeñarse con tolerancia frente a formas de pensar o actuar respecto de las cuales se difiera, quedando la recíproca sujeta a los mismos deberes.

Brujas de Salem

En todo caso, la tolerancia como principio de civilización propone diálogo de diferencias, mutuo acercamiento para la convivencia entre lo heterogéneo, en el orden de valores morales, raciales, de preferencia política o de subjetividades en desencuentro respecto a cualquier asunto que roza las convicciones íntimas de los seres humanos. En el siglo XVII, John Locke, abogaba, en su Carta de la Tolerancia por el respeto entre los diferentes credos religiosos, fue en su tiempo la principal causa de querella armada en la Europa que daba sus primeros pasos hacia la modernidad. Por esa misma época en el pueblo de Salem, región de Massachusetts (en los actuales EE.UU.), la intolerancia religiosa y anticientífica, había escalado al punto de llevar al potro, torturar y luego quemar vivas, a un grupo de mujeres de la localidad de Salem, a quienes se tachaba, sin constatación previa, de practicar la hechicería. Y al igual que mil quinientos años atrás acaeció con la científica Hipatia de Alejandría, muerta a pedradas por fanáticos cristianos, la inadmisibilidad de que otros puedan manifestar ideas distintas, acarreó un crimen monstruoso. Y lo mismo sucedió entre 1933 y 1945 en la Alemania del III Reich, donde las prácticas de intolerancia condujeron a la muerte a practicantes del judaísmo, gitanos, discapacitados, comunistas y sacerdotes antinazis.

Tolerancia hoy

En los últimos treinta años se han manifestado en forma trágica signos de intolerancia, como se ha visto en el genocidio de Ruanda de 1994, donde murieron entre 500 mil y un millón de miembros de la etnia tutsi y varios cientos de miles de hutis. Otra manifestación dolorosa se dio en 1995, durante el conflicto Bosnia-Herzegovina. En años recientes más de 3 mil migrantes venezolanos han sido objeto de desaparición en territorio de Colombia. Así, las prácticas de tolerancia pasan por sistemas educativos en los distintos países, que sean eficaces en la formación de valores cívicos y de derechos humanos, del respeto y convivencia con aquellos cuya procedencia y cultura sean distintas a la de los grupos establecidos en un territorio, y viceversa. La ONU ha recordado que “Todos formamos parte de la solución. La no violencia puede ser una herramienta muy efectiva para confrontar un problema” (https://www.un.org).

Sinóptico

1711

Mijail Lomonosov

Este día nació en la localidad de Misháninskaya (actual Lomonósovo, Federación Rusa), el sabio Mijail Vasílievich Lomonósov, quien en 1755 patrocinó la creación de la Universidad de Moscú, Casa de Estudios cuyo epónimo le honra. Lomonosov se eleva en la historia cultural y científica de la franja euroasiática del mundo como figura múltiple por su contribución al pensamiento y desarrollo de su país, Rusia, y a la humanidad, en varios campos del saber. Numerosas fueron las expediciones y hallazgos orográficos que se debieron a su metodología y consejos. Lomonosov hizo contribuciones inestimables al avance de la teoría cinética de los gases, cuando consideró el calor como “una forma de movimiento… avanzando el carácter ondulatorio de la luz” (Wikipedia). Igualmente este polímata experimentó con mercurio, petróleo, carbón, y desarrolló sus ideas en torno al origen orgánico del suelo.

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