En la era de la información se desprende un caleidoscopio de sociedades; entre ellas resalta la sociedad del rendimiento. Nos encontramos como siempre ante un proceso dialéctico; en otras palabras, en una pugna de contradicciones que una vez más deben ser superadas.
Para ilustrarlo mejor, por una parte, la clase dominante retiene el excedente que produce la clase trabajadora con su fuerza de trabajo. Los empresarios o dueños de los medios de producción no pagan dicho excedente en el salario y lo retienen (plusvalía). Ahí reside el enigma de la ganancia capitalista y la acumulación de riqueza.
Por otra parte, los trabajadores continúan en la perenne lucha por conquistas sociales; algunas de ellas son: reducción de la jornada laboral, salarios indexados a la inflación, pensiones y jubilaciones dignas, equidad de género y diversidad, capacitación continua, regularización de la inteligencia artificial (IA), derechos de trabajo bajo demanda o economía de plataformas (Gig economy), derecho a la desconexión laboral, etc.
Alcanzar estos beneficios, por supuesto, golpea el rendimiento que anhela la clase dominante, cuya fantasía es alcanzar la maximización del margen de ganancia a través de la eliminación del costo laboral; pero si no hay trabajadores, ¿quiénes comprarán las mercancías que ofrecen? La inmensa clase trabajadora es la misma que consume. Nos hallamos frente a la paradoja del capitalismo tardío.
¿Somos más libres o servidumbre voluntaria?
Hace una década, en los países de Nuestra América no se discutía por la regularización de la IA, los derechos de trabajo bajo demanda y el derecho a la desconexión laboral. Sin embargo, el paradigma moderno de la sociedad del rendimiento ha instaurado la erosión de la arquitectura del tiempo promovida para desarticular a los ciudadanos y convertirlos en pequeños enjambres manejables.
El capitalismo tardío logró mercantilizar la libertad, la hizo mercancía. En el siglo pasado, bajo el paradigma disciplinario, la libertad estaba objetivada, era algo exterior y se luchaba para conseguirla. El jefe o el Estado era quien ponía los límites y dictaba las obligaciones.
Hoy, el neoliberalismo tiene como discurso que la libertad es interna; es decir, somos libres, somos quienes nos ponemos los límites; las obligaciones ya no vienen de un agente externo, somos nuestros jefes y nos obligamos a rendir, tenemos la libertad de trabajar hasta colapsar, porque somos la marca que debe optimizarse continuamente. El sistema dice que nos autorrealizamos, pero, sinceramente, lo que existe es una explotación sistémica o una servidumbre voluntaria.
Una nueva técnica de autogestión
La dinámica social no es la misma antes de la pandemia de Covid-19 que después de ella. Tras su superación, empezaron a desbordarse los repartos a domicilios (deliveries), no solo de comida rápida, sino también de fármacos, mercado y víveres, estética y belleza, entre muchos otros servicios.
Las empresas no se quedaron atrás y empezaron a promover el trabajo remoto. Con la masificación del teléfono inteligente (dispositivo de inteligencia), las redes sociales y el trabajo desde casa se conformó la triada perfecta para darle cabida a la técnica de la multitarea (multitasking).
El sistema neoliberal muestra la multitarea como el cenit de la eficiencia para acortar el trayecto al éxito y cumplir más rápido las tareas inmediatas; no obstante, promueve un concepto errado de autonomía persuadiendo a las personas de que gestionan su tiempo.
La multitarea: ¿evolución o regresión?
Hay una involución, ya que es como trasladarnos a la vida animal en la naturaleza: respuestas rápidas ante el peligro y en constante estado de alerta. Se sumerge a la persona en una hiperatención, por lo que no cavila, no reflexiona, sino que está expuesta a una redirección de la atención incesantemente para procesar estímulos rápidos de manera simultánea.
El filósofo Byung-Chul Han, en su obra La sociedad del cansancio, expresa que «no solo la multitarea, sino también otras actividades como los juegos de ordenador generan una atención ampliamente repartida pero superficial, que se parece a la vigilancia que hace un animal salvaje.
Los recientes desarrollos sociales y el cambio estructural de la atención hacen que la sociedad humana se parezca cada vez más a la naturaleza salvaje». Los grandes avances civilizatorios se los debemos a la contemplación, a la reflexión, a cavilar.
Si la acción de contemplar continúa siendo desplazada por la hiperatención, la razón está en peligro, indiscutiblemente. Además, la hiperatención y la adicción digital son contraproducentes para el pensamiento complejo, el arte, la filosofía y la salud psicológica, que contribuyen al desarrollo de la humanidad.
Racionamiento de las pantallas para infantes, jóvenes y adultos
A continuación, un esbozo de algunas medidas que empleó Estados Unidos en comparación con las del gigante asiático respecto al problema de la sobreexposición de niños y jóvenes a las pantallas.
En agosto de este año, Mark Zuckerberg aceptó pagar casi 17 000 000 de dólares para evitar un juicio masivo en Estados Unidos. Más de 40 estados acusan a Meta de diseñar intencionalmente algoritmos adictivos que dañan la salud mental de los menores de edad.
Por ello los menores disponen de dos horas de uso diario para las plataformas de la compañía, esto es Instagram y Facebook. Asimismo se prohibió el conteo de Me gusta y reacciones para proteger su autoestima o evitar el impacto psicológico de compararse.
China comprendió esto y se lo ha tomado en serio. En agosto de 2023, el gigante asiático inició el racionamiento de uso de pantallas de la siguiente manera: 40 minutos diarios para menores de 8 años, 1 hora al día para edades comprendidas de 8 a 16 años y 2 horas diarias para jóvenes de 17 y 18 años. Las categorías de aplicaciones educativas y servicios de emergencia no están sujetas a la restricción anterior dictada por la Administración Nacional del Ciberespacio de China. Esta política viene acompañada de la estrategia de masificación de la lectura. Además de contar con más de 32 000 bibliotecas públicas, se han creado más de 40 000 salas de lectura públicas gratuitas instaladas en estaciones del tren, dentro del metro (Reading railway), parques industriales y centros comunitarios vecinales. El Gobierno comunista chino ha subsidiado la publicación de grandes clásicos y textos científicos para incrementar el acceso a estos libros y permite a los niños tomar prestados libros físicos mediante un código de identificación, sorteando los trámites burocráticos.
La República Bolivariana de Venezuela debe atender la protección de los trabajadores frente a la multitarea y de la infancia ante el tiempo de exposición a las redes sociales.
El autor es investigador de ciencias sociales


