Es difícil saber si reír o llorar ante las pasmosas similitudes entre los inicios del siglo XX y los del siglo XXI. Los intereses de la misma gente, viviendo en los mismos lugares, generaron la primera Guerra Mundial o la llamada más correctamente “La Gran Guerra”.
En aquellos comienzos ya había medidas económicas coercitivas, bloqueos, intervención en países; ya se hacían quebrar economías, ya se inventaban golpes de Estado para saquear, subyugar y consolidar un poder económico mundial. Como dicen por ahí: “Parecido igualito”
Lu Xun escribió en 1921 la novela La verdadera historia de A Q. Esta obra tuvo una gran influencia. Casi enseguida fue adaptada al teatro.
La historia trata de un campesino analfabeta llamado A Q. Como él era maltratado, burlado, humillado, saqueado permanentemente, se defendía asumiendo que él era el vencedor. Se decía -para sí mismo- que aunque no se diesen cuenta, él salía ganando de todas esas afrentas y despojos. Era clara su superioridad espiritual.
A Q no sabe leer. Le piden que firme un documento. Finge que comprende de qué trata el escrito. Ni siquiera sabe firmar. Se empeña en hacer un círculo perfecto a manera de rúbrica. Demora, suda, pero lo logra. Le queda buenísimo. Acaba de firmar su sentencia de muerte.
Décadas después Christoph Hein, un alemán del lado socialista en la época del muro, escribe su versión utilizando los principios conceptuales de Bertolt Brecht.
Hace ver que todo el público se comporta como A Q, quien no reflexiona sino que se atribuye “victorias espirituales”. Hein parece decirle a la gente que hay un poder que decide, y tú asumes esas decisiones como tuyas, para convencerte de que no tienes miedo y gozas de libertad.
Darío Fo hace una versión a la manera de la Comedia del arte. Una comedia bufa, sin dejar de ser dolorosa. Al igual que en la versión original, A Q firma con dificultad su pena de muerte. Hace chistes que el supone conciliatorios con el poder. Esto lo hace ver como una especie de mártir por parte del pueblo. Lo que lo convierte en un héroe grotesco.
El espíritu de A Q se regodea en cierta gente que sigue celebrando que un imbécil extraño tome decisiones sobre nuestro país. A Q y su permanente “victoria espiritual” también está en otros, con esa actitud de “No podemos aceptar que…” sin explicar cómo se come eso. Si sabemos leer, leamos: Fuimos derrotados militarmente. Estamos obligados a pensar y a actuar con sensatez, para salir insoslayablemente de esta ocupación. Si vociferamos, estaremos trazando un círculo perfecto como rúbrica.


