Jesús Moreno

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La unidad es una condición para toda organización que quiere sostener, importar sus ideas, proyectos, programas y objetivos para largo plazo, como es la Revolución Bolivariana. Le es un elemento fundamental. Eso es básico para todo gran movimiento, para su éxito, permanencia, prolongación en el tiempo y trascendencia con sus cambios, ya sea cualquiera la índole por lo cual lucha, porque siempre contra la unidad luchan fuerzas disolventes, es lo dialéctico.

Si la Revolución Bolivariana Socialista busca éxito y permanencia, se debe luchar por una fuerte y poderosa unidad.

Los poderosos enemigos que luchan contra ella, son factores que existen en la sociedad venezolana y con gran apoyo internacional, que trabajan en primer lugar contra la unidad de los revolucionarios, y luego la del pueblo venezolano. Por eso la unidad de los trabajadores, el PSUV, la fuerza armada, el gobierno nacional y del pueblo en general, es una clave en la lucha que libramos en esta parte de nuestra historia, y la confrontación, a pesar de la paz, es inevitable, aunque no resalte la sangre.

Las fuerzas que sostenemos la Revolución Bolivariana para defenderla, nos exige en este y todo momento, la política de una gran unidad inquebrantable con el pueblo, y se empezó con el milagroso hecho de alcanzar la unidad cívico-militar, que busca realmente convertir al ejército en pueblo y a este en ejército, para la defensa de la soberanía de la nación, su territorio, sus riquezas naturales, su cultura, su historia, su independencia y su derecho a la autodeterminación, y hasta donde sea posible, la paz, la felicidad y la prosperidad del pueblo venezolano.

La vida va determinando la unidad de las fuerzas que ejercen el poder y su permanencia en el tiempo.

La unidad, la clara visión que se tenga de las realidades y las políticas acertadas para resolver los problemas con el menor número de errores posibles, sirve a la permanencia de la Revolución Bolivariana. Mao Zedong, dirigente de la gran revolución china, hoy en plena vigencia y con protagonismo activo mundial, dijo en 1938 en su libro sobre la guerra: “Debemos actuar de suerte que el ejército sea el propio que se considere invencible en la guerra prolongada”, y en 1945 ledijo al partido comunista chino: “Para permanecer vinculados con las masas, debemos actuar de acuerdo con sus necesidades y deseos, o de otra manera, nos aislamos”.

Esto, en el momento que se luchaba contra el imperio japonés y contra el enemigo interno, y decía: “La necesidad de la unidad del pueblo y el ejército para aliviar las cargas económicas del pueblo y reprimir a los traidores de la patria”.

Las condiciones de las dos revoluciones son diferentes. Hay que reconocer que lo de Venezuela y su revolución no sangrienta tiene como bandera la paz, el diálogo y la democracia verdadera. No se puede obviar ni olvidar los dos principios de los que nos habló Mao, en el desarrollo de la revolución china, a quienes les tocó actuar con la fuerza de las armas.

En definitiva, queremos sostener como una necesidad, según nos lo enseña la historia mundial, que todo movimiento de gran trascendencia, requiere de la unidad para su fortalecimiento, supervivencia en el tiempo y alcanzar su objetivo. Si revisamos la Iglesia Apostólica y Romana, basta con el estudio de gran parte de sus concilios que ha dedicado a la unidad, y ojalá los venezolanos alcancemos la paz y la conciliación sin torrentes de sangre, sin invasión ni amenazas de poderes extraños.

Esperamos se comprenda por fin, que los problemas del país los resolvemos los venezolanos, por la acción de sus buenos hijos; de no ser así,es porque algunos que dicen ser venezolanos vendieron su alma al diablo, se empeñan en la traición y la entrega del más elemental de los derechos de toda patria digna, libre y soberana: Decidir su propio destino.

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