Néstor Rivero Pérez

nestor5030@gmail.com

El 18 de noviembre de 1917 nació en Mazatlán, región de Sinaloa (México), el cantante y actor Pedro Infante, quien comparte con Jorge Negrete y Carlos Gardel, el trípode de los exponentes de mayor proyección continental de la industria del espectáculo de los últimos cien años. Al igual que ellos, Infante gozó de la admiración del público latinoamericano que asistía a los cines y gustaba de escuchar discos de 45 revoluciones en rockolas o tocadiscos caseros, o que cancelaba entradas para disfrutar sus presentaciones cuando intérpretes consagrados como estos, iban de gira por países de la región, en un tiempo en que Latinoamérica requería de figuras cuyo talento contribuyera a la configuración de un mercado cultural iberoamericano.

Ídolos de un siglo

Y así como el Zorzal Criollo inauguró con sus tangos, su filmografía y sus giras por países del continente, desde EE.UU., pasando por países del Caribe hasta arribar a Colombia -donde fallecería en la ciudad de Medellín, como resultado de un accidente de aviación en junio de 1935-, en los años ’40 del siglo XX la industria cultural azteca impondría nombres como Jorge Negrete, Pedro Vargas, María Félix y Pedro Infante, quienes a su vez alcanzarían la cima como figuras del espectáculo.

Dos perfiles de personaje

Por las línea de sus personajes, la filmografía de este sonoroense puede dividirse en dos corrientes: La primera de comedias, como se expresa en Los tres GarcíaLos hijos de María MoralesMartín Corona y Dos tipos de cuidado; la segunda, con mayor contenido social y que le catapultó como ídolo de los sectores populares a lo largo del continente, se expresa en películas como Pepe el ToroNosotros los pobres y Píntame angelitos negros. En esta última se fustiga la discriminación racial.

 

Con barro de pueblo

En todo caso, debe anotarse que en el caso de Pedro Infante, el hecho de encarnar en buena parte de las películas que protagonizó, personajes que como Pepe el Toro, al cual representa en tres filmes distintos,  lo convirtieron en un fenómeno de taquilla, por constituir en muchos casos una moraleja de orden social, la denuncia contenida de los millones de “Pepe el Toro” que en muchos barrios latinoamericanos se ven compelidos, a plenitud de su decencia moral y por circunstancias ajenas a su voluntad, a quedar envueltos en el infundio e incluso ser víctimas de un proceso penal cuando, sabiéndose inocentes, se ven arrastrados a la inculpación de la primera apariencia que un tercero puede percibir de un crimen. En Píntame Angelitos negros, Infante interpreta a José Carlos, muy enamorado de su mujer, y siendo que esta se encuentra dominada por el prejuicio racial al extremo de despreciar a su madre cuando se entera que esta es de ascendencia africana, el galán se empeña en hacerle entrar en razones para que acepte a su progenitora y se sobreponga al falso convencionalismo y afán de quienes viven en la obcecación.

Juicio de Monsivais

De acuerdo a Gustavo Ogarrio, la mejor biografía sobre Pedro Infante se titula Las leyes del querer, el cual se debe a la pluma de Carlos Monsivais, quizás el más completo y agudo analista, ya desaparecido, de la industria azteca del espectáculo del siglo XX, que supo proyectarse a lo largo y ancho de Iberoamérica, con sus distintos íconos. Y de acuerdo a Monsivais la perpetuación de Infante en quienes hoy prosiguen escuchando rancheras u ocurriendo a los nuevos formatos que reproducen cintas de la Época de Oro del cine mexicano, responde a que el actor y cantante no mantenía encumbramientos respecto a quienes le contemplaban, “es (Pedro Infante) en sus desplantes, sus carcajadas, su mirada amorosa o paternal, la representación del hombre común que es distinto a todos sin jactarse de ello.” (http://radiocalpulalpan.com).

 

 Sinóptico

 2004

Danilo Anderson, asesinato por encargo

Este día fue segada la vida del fiscal del Ministerio Público Danilo Anderson, quien se hallaba al frente de cuatrocientas investigaciones contra empresarios, banqueros, dueños de medios de información y concesionarios de minería, y políticos presuntamente involucrados en el golpe de Estado del 11 de abril de 2001 y otros hechos. Los patrocinantes del homicidio temían la disposición de Danilo para avanzar en cada expediente y sentar delante de un tribunal a cada uno de los imputados en los graves hechos en que se vieron envueltos. Quienes asesinaron a Danilo Anderson en 2004, presuntamente venían incurriendo en prácticas parapoliciales que emulaban al llamado Gang de la Muerte o el Grupo Gato durante la Cuarta República. Sin embargo, los ejecutores materiales carecían de motivos propios con suficiente peso, como odio personal o venganza para atentar por cuenta propia contra Danilo. Así, la circunstancia permitió suponer que fueron contratados por quienes han debido pagar cuantiosa suma en dólares o bolívares, y quienes sí se encontrarían en la lista de expedientes instruidos por el Fiscal Valiente, y temían el brazo inexorable de la legalidad, que encarnaba el fiscal Danilo.

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