Néstor Rivero Pérez

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El 14 de enero de 1814, hace 208 años, el Libertador Simón Bolívar dirigió una epístola a sir Richard Wellesley, ministro de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña, la cual denotaba claridad de visión acerca del rol de la diplomacia y las relaciones internacionales, dentro de una estrategia integral para obtener la victoria en la Guerra de Independencia de Venezuela y el resto de la América hispana.

 

Independencia con aliados

Justa valoración hace Bolívar en sus mensajes de estos días, de los factores que inciden en el resultado final de los grandes conflictos, así como en el logro de alianzas con el objeto de neutralizar actores que vacilan entre uno y otro bando en pugna, atrayéndolos. Y las ideas que difundía perseguían restarle a la potencia enemiga, España, apoyos y opinión pública dentro de la realidad mundial de su época. Tales eran a grandes líneas, los objetivos que desde temprano guiaron su actuación diplomática.

 

Proclamas y diplomacia

Y la necesidad de arrojar luz a los ciudadanos de Nuestra América, la extendió Bolívar a personalidades de otras regiones del mundo. Por ello hizo publicar su extensa proclama A las Naciones del Mundo del 20 de septiembre de 1813, clara alegación acerca de la brutalidad del régimen absolutista de Monteverde y dirigida a dar fundamento moral al conflicto por nuestra emancipación. Este panorama bolivariano de una diplomacia en estado de guerra, se reitera con nitidez en una proclama subsiguiente fechada el 24 de febrero de 1814, donde el Libertador busca sacudir la indiferencia de gobiernos y opinión pública de las potencias mundiales, apremiándolas a que no se mantengan impávidas ante la degollina que acá se ejecutaba. Allí asentará: “Naciones de la Tierra, no queréis ciertamente que sea extinguida una mitad del mundo: conoced a nuestros enemigos, ellos o nosotros van a ser inmolados”. Este ciclo epistolar cierra con la Carta de Jamaica de septiembre de 1815, en la cual Bolívar da un conjunto de informaciones que constituyen sin duda la caracterización más audaz y exacta que para la época podía ofrecerse de nuestros países.

 

La misiva

Puede comprenderse por tanto, el interés del Libertador por enviar a Sir Richard Wellesley, su comunicación del 14 de enero de 1814. Ambos se trataron en 1810, cuando el caraqueño viajó a Londres integrando la Misión Diplomática de la Junta Suprema, y Wellesley ocupaba la cartera de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña, y quien integraba una familia con influencia en el Parlamento y círculos de opinión ingleses y antes de ingresar al Gabinete inglés había ejercido como embajador en España. Para entonces Inglaterra sostenía su alianza con España en la guerra contra Napoleón, quien si bien había sido derrotado en la Península Ibérica en 1813, contendía en otros frentes con Rusia, Prusia, Suecia, Austria y el Reino Unido. Para Bolívar resultaba importante convencer a Mr. Wellesley, de la conveniencia de su país de respaldar a los patriotas americanos frente a España. Recuérdese que la Corona británica contaba con posesiones en el Caribe, Jamaica, Saint Thomas, Trinidad y otras, y cuyas autoridades locales mostraban hostilidad extrema frente a los independentistas, llegándose al punto que el gobernador de Trinidad por poco expulsa a Santiago Mariño, mientras este preparaba la expedición de Chacachacare en 1813.

 

Pormenores de la carta

Al inicio de su epístola a Mr. Wellington, el Libertador apunta: “Siempre he conservado en mi memoria el encargo con que Ud. me urgió al separarme de esa capital, manifestándome un vivo interés por conocer los acontecimientos de esta parte del mundo que empezaba a vivir una revolución filantrópica”, ofreciendo un relato sucinto de los acontecimientos de la Venezuela de 1810 a 1813. Bolívar procura despejar en el influyente personaje cualquier duda respecto a los propósitos que guiaban a los independentistas de Suramérica: “Yo ejerzo el poder supremo (…) Ansío por el momento convocar una representación del pueblo, para transmitir mi autoridad”. Bolívar a su vez congratula a Wellesley por los triunfos militares de su hermano Arthur, futuro Duque de Wellington, quien en 1815 habría de vencer a Napoleón Bonaparte en Warterloo.

Sinóptico

1746

Murió Edmund Halley

Este día falleció en el barrio londinense de Greenwich, el astrónomo inglés Edmond Halley, cuya capacidad de observación y excepcional inteligencia para extraer conclusiones certeras en torno al comportamiento de cometas, planetas, estrellas y otros astros del firmamento, le colocan en un puesto de excepción en la historia del conocimiento astronómico.

Con dominio de las Matemáticas y la Física, Halley hizo aportes proverbiales a la Astronomía.

Entre sus grandes amistades estuvo Isaac Newton. Halley también estudió y arrojó luz acerca del comportamiento de las mareas y la ubicación exacta de numerosas estrellas. Entre sus adelantos destaca la elaboración de la primera carta de variación de la declinación magnética.

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