Néstor Rivero Pérez

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El 1° de agosto de 1914 comenzó la Primera Guerra Mundial, que terminó en 1918 y expresaba la dinámica de nuevas fuerzas económicas que emergían en Europa y Norteamérica a partir de la concentración de los grandes capitales que saltaron sobre sus fronteras nacionales para imponerse unos contra otros y recolonizar las regiones periféricas, en pos de materias primas, y el control de rutas y mercados.

Dos bloques

La dinámica europea enfrentó dos bloques: de una parte la Triple Entente, capitaneada por Gran Bretaña, hasta entonces la gran potencia económica, al lado de Francia y Rusia. En 1917, con el triunfo de la revolución Bolchevique, sale Rusia. Y el mismo año ingresa EEUU, nación que se aprestaba a asumir el liderazgo mundial.

De la otra se alineaba la Triple Alianza: Alemania, el Imperio Austro-Húngaro, Bulgaria y el Imperio Otomano (Turquía). Italia se declaró neutral, para adscribirse en 1915 a la Entente. La Triple Alianza o “Potencias Centrales” constituía ante a la Entente un bloque económicamente más retrasado en cuanto al desarrollo industrial.

Consecuencias

Al término de la contienda quedó destruido gran parte del viejo orden hegemónico mundial y surgió EEUU como potencia determinante, con su obvio protagonismo en el tutelaje hemisférico de América Latina.

Asimismo, la postguerra se caracterizó por un alza de los precios, dificultades para el abastecimiento y debilitamiento de las monedas, lo que creó condiciones para la crisis de 1929. En total hubo 9 millones de combatientes fallecidos.

Tratado de Versalles

El presidente Wodrow Wilson de EEUU había presentado sus “14 Puntos” en 1918, exponiendo la creación de “una Sociedad de las Naciones…que tenga por objeto ofrecer garantías recíprocas de independencia política y territorial tanto a los pequeños como a los grandes estados”. Dicha entidad fue el antecedente directo de la actual ONU.

Rearme

Los intereses que desembocaron en la Primera Guerra Mundial hicieron inevitable el rearme de la parte derrotada, Alemania, así como ambiciones de las clases dominantes en Italia y Japón, creándose un cuadro propicio para el estallido en 1939 de una II contienda de escala mundial, ahora con mayor poder de destrucción y la escasa o nula efectividad de instancias de entendimiento como la Sociedad de Naciones, inhábil para detener la nueva escalada.

Así destacan dos consecuencias determinantes de la I Guerra Mundial: de una parte, la consagración de la nueva correlación de poder, en la cual Inglaterra compartía la supremacía global con EEUU y, de la otra, el ímpetu de retaliación de la nación alemana, capitalizado por el partido nacionalsocialista de Adolfo Hitler, el cual tras lograr el reequipamiento bélico de su país, daría comienzo a la II Guerra Mundial.

Guerra y poderío tecnológico

“La expansión colonial e imperialista…en el período 1870-1914 fue motivada por distintos factores: económicos (materias primas, nuevos mercados donde vender e invertir); políticos (prestigio nacional, grupos de presión interesados en la colonización); geoestratégicos (enclaves geográficos privilegiados); culturales y científicos (…). Las potencias industriales pusieron todo su poderío tecnológico al servicio de la guerra. El resultado fue demoledor. El sufrimiento de la población civil y los soldados alcanzó límites que nadie podía concebir en 1914” (En: http://recursostic.educacion).

Sinópticos

1805

Miranda otorga testamento

Poco antes de zarpar hacia el continente americano con el propósito de dar concreción a sus proyectos independentistas, el Precursor Francisco de Miranda otorga su declaración de última voluntad, para disponer de sus pocos bienes, su Archivo y su Biblioteca. El forjador de la conciencia de patria suramericana dejaba en Londres, al lado de su esposa Sara Andrews, a su pequeño Leandro y, en gestación al hermano de este, Francisco, quien nacería en febrero de 1806, cuando el gran memorialista y hombre de acción se encontraba en aguas del Caribe, al frente de la expedición que poco después llegaría a Ocumare de la Costa (Aragua).

1944

Insurrección de Varsovia

El Alzamiento o Levantamiento de Varsovia constituyó la mayor rebelión civil contra la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial y se extendió entre el 1 de agosto y el 2 de octubre de 1944. Fue planificado por el Armia Krajowa o “Ejército territorial”. Formaba parte de la llamada Operación Tempestad, que perseguía la liberación de Polonia. Y no obstante que ya las fuerzas alemanas se encontraban en repliegue ante al avance del Ejército Rojo, en ofensiva desde la Batalla de Stalingrado, Varsovia permanecía aún alejada de las posiciones rusa, imponiéndose, por esos días, las fuerzas del III Reich. El final del levantamiento se saldó con 250.000 civiles muertos, la mayoría ejecutados, y más de 85% de los edificios de la ciudad destruidos. Finalmente Polonia sería liberada por el Ejército Rojo.

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