Néstor Rivero Pérez

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El 16 de junio de 1822 el Libertador Simón Bolívar hizo su entrada triunfal en Quito confirmando la pertenencia de dicho Departamento a la Gran Colombia.

En la capital del actual Ecuador el héroe caraqueño conocería a Manuelita Sáenz, quien se convertirá hasta el final de la vida del héroe en su gran amor y quien le salvará la vida en varias ocasiones, dándole acompañamiento personal, moral y político.

Entre Pasto y Pichincha

El 24 de mayo anterior quedó definida la Independencia de Quito, la cual resultó de la victoria obtenida por el general Antonio José de Sucre en Pichincha. Y sin embargo, el Libertador Simón Bolívar, que incomunicado por vía terrestre con Sucre, se vio detenido durante varias semanas en el sur de Nueva Granada y el noroeste del Ecuador, debido a las operaciones que conducía contra los realistas de Pasto y reponiendo sus tropas luego de la difícil Batalla de Bomboná, dada el 7 de abril del mismo año.

Y en negociaciones con el jefe español Basilio García, el Libertador busca persuadirle del intento de reconquistar la Gran Colombia. “el gobierno español en Pasto y Quito, dice Bolívar, no tiene pertrechos ni armas ni casi tropas”.

Apoteosis

El espíritu patriótico de Quito, cuyo primer estallido se dio en 1808 con el primer grito de Independencia, se dejó escuchar por las calles este 16 de junio con el alegre estallido de “cohetes, repique de campanas, fuegos artificiales y algarabía” (http://www.minci.gob.ve).

La comitiva penetró en la ciudad hasta alcanzar la Plaza Mayor, lugar en el que se dispuso un sillón principal para el Libertador, a quien se le colocaría en doce ocasiones coronas de laurel, prolongándose la celebración hasta horas de la noche.

Bolívar y San Martín

Al día siguiente de su entrada a Quito, el Libertador escribe al Protector del Perú, José de San Martín. Los dos máximos exponentes de la Emancipación hispanoamericana debían definir de una parte la mutua cooperación en la guerra que ambos sostenían contra los ejércitos peninsulares, y de la otra el interés del Perú de anexionarse Guayaquil.

Así, Bolívar dice a San Martín “Tengo la mayor satisfacción en anunciar a V.E que la guerra de la Gran Colombia está terminada, que su ejército está presto a marchar donde sus hermanos lo llamen y muy particularmente a la patria de nuestros vecinos del sur”.

Ambos jefes supremos habían intercambiado comunicaciones en pro de la mutua cooperación militar. Al mes siguiente ambos libertadores habrían de sostener la entrevista de Guayaquil.

Bolívar y Manuela

Evocando la mañana del 16 de junio de 1822, en que ambos se vieron por vez primera al entrar el héroe a Quito, Manuela en su vejez escribirá “Cuando se acercaba al paso de nuestro balcón, tomé la corona de rosas y ramitas de laureles, y la arrojé; pero con tal suerte que fue a parar con toda la fuerza de la caída a la casaca, justo en el pecho de S.E.

Me ruboricé de la vergüenza, pues el Libertador alzó su mirada…S.E. se sonrió y me hizo un saludo con el sombrero pavonado que traía a la mano”. Ese cruce de miradas, de la mañana, se transformará durante la noche del mismo día 16, en amistad estrecha, tras la larga jornada de baile de varias horas. En adelante ambos quedaron anudados de por vida.

Gracias a la entereza de Manuela la noche del 25 de septiembre de 1828 en la alcoba del Palacio de San Carlos de Bogotá donde Bolívar pernoctaba, y al percatarse de extraños ruidos y disparos en la planta baja de la edificación, lo despertó ayudándole a vestir y escapase por la ventana, haciéndole desistir de su primer impulso de enfrentar a los complotados, armados de revólveres. Tan valeroso gesto hizo que el Padre de la Patria, en su reencuentro de esa misma madrugada la proclamase “Libertadora del Libertador”. Aún después de fallecido el Libertador en 1830, Manuelita se mantuvo fiel a su memoria, sin volver con el esposo -quien insistía en perdonarla-, y pese a la estrechez económica que padeció la quiteña en su vejez hasta su muerte en 1854.

Sinóptico

1901

Henry Lefevbre y “el derecho a la ciudad”

Este día nació en Hagetmau (Francia) el filósofo Henry Lefevbre, quien postuló la corriente del humanismo marxista, e igualmente la doctrina del “derecho a la ciudad”. Lefevbre es considerado uno de los inspiradores del Mayo Francés, gigantesca protesta estudiantil y obrera que estalló en París en 1968. Ya en 1939, con la publicación de El materialismo dialéctico, Lefevre inicia una línea teórica que lo desmarca del enfoque stalinista de la historia, cultivando la arista de humanismo derivada de la obra Manuscritos Económicos y Filosóficos del joven Marx. Y afanoso por la temática de las ciencias sociales, en 1967 Henry Lefevbre se adentró con su libro La producción del espacio, en la problemática de los cambios en la urbanización, vistos como “derecho de los habitantes a construir, decidir y crear la ciudad, y hacer de esta un espacio privilegiado de lucha anticapitalista”.

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