El 4 de mayo de 1885 nació en Cantagalo, Brasil, el filólogo cervantista e historiador Américo Castro, quien a partir de los cinco años fue llevado por su familia a España, donde legó una obra notable como historiador de la cultura, antropología, crítica literaria y lexicografía, y se distinguió a la vez como docente y conferencista a ambos lados del Atlántico.
Don Américo se destacó igualmente por estrechar el acercamiento entre la España peninsular y América Latina.
Amistades académicas
A la edad de 25 años, en 1910, se le verá promover y organizar en Madrid el Centro de Estudios Históricos. Cinco años después, se le verá ingresar a la Universidad de Madrid como catedrático de Historia de la Lengua Española.
En el curso de la segunda década del siglo XX se ha de identificar con las ideas liberales de la Península, de las cuales derivaron los liderazgos y corrientes que en 1931 proclamaron la II República Española.
Entre sus amigos de la Península destacan Francisco Giner de los Ríos, fundador de la Institución de Libre Enseñanza, que promovió la laicidad y las ciencias en educación, así como el hispanista galo Marcell Bataillón, cultor como aquel del erasmismo, el pluriacadémico madrileño Gregorio Marañón y el filósofo José Ortega y Gasset, a quien Castro apoyaría en su llamado a renovar el pensamiento español con su consigna del “Novocentismo”.
También merece ser recordado Juan Goytisolo, narrador y ensayista y quien como discípulo de don Américo le veneró hasta el final de sus días.
La España de las tres culturas
Y justamente Goytisolo adoptaría la tesis de Américo Castro acerca de “la España de las tres culturas”, tesis que diera pie a encendidas polémicas y cuyos ecos se manifiestan hasta hoy.
De acuerdo a la propuesta que el autor de El pensamiento de Cervantes formula en su controvertida obra España en su historia: cristianos, moros y judíos, el ser español se originó de la mezcla de las tres expresiones históricas y culturales asentadas en la Península.
Los hebraicos llegarían a la Península Ibérica en tiempos del Imperio Romano, y permanecieron allí hasta su expulsión por los reyes católicos en 1492; los moros por su parte invadieron en el siglo VII d.C. en el marco de la expansión islámica capitaneada por Tarik y buscando a su vez el control económico.
En todo caso, la hegemonía cultural y religiosa que se impuso a partir de 1492 y que perdura hasta hoy fue la cristiano-católica, de la mano de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón; aunque de acuerdo a la visión de Américo Castro, sin extirpar al interior de la sociedad española, la herencia judeo-islámica.
Querella con Sánchez Albornoz
Considerada la obra cimera de don Américo, España en su historia se editó por primera vez en Buenos Aires en 1948. Su circulación en España fue prohibida por el dictador Francisco Franco.
Ocho años después, en 1956, el letrado español Claudio Sánchez Albornoz riposta en forma categórica la tesis de Américo Castro, cuando edita su obra España, un enigma histórico, en cuyas páginas niega que “la identidad española fuera fruto del mestizaje entre cristianos, moros y judíos durante la Edad Media, defendiendo en su lugar una continuidad histórica ininterrumpida basada en la herencia visigoda y cristiana”.
Se trata de la expresión que recoge el dilema histórico de “las dos Españas” o del “ser español”, que trataron a su manera Unamuno, Ortega y Gasset y otros letrados peninsulares.
Republicanos ambos, Américo Castro y Sánchez Albornoz diferían en el ritmo de su liberalismo, puesto que al tanto que el segundo era católico, aunque no fanático y presidió la II República en el exilio, el primero mantuvo posturas políticas moderadas y no se le conoció práctica religiosa alguna.
En todo caso el antagonismo entre ambos sobre “el ser español” perduró hasta el fin de sus vidas.
Amigos en Latinoamérica
Entre la segunda y sexta década del siglo XX, tanto en el tiempo que precedió a la II República, como durante el exilio de Américo Castro, destacados escritores latinoamericanos con obra continentalmente reconocida trabaron amistad con el ilustre hispanista.
Entre estos letrados resaltan nombres como el mexicano Alfonso Reyes, el dominicano Pedro Henríquez Ureña y, entre otros, el cubano Fernando Ortiz, iniciador de una corriente de antropología y estudios afrocubanos.
Iberoamérica
En su libro Iberoamérica, su presente y su pasado don Américo ofrece su visión “de la historia y la cultura de los países iberoamericanos.
El autor analiza las raíces culturales de América Latina y su relación con España, abarcando desde la época precolombina hasta la actualidad.
Castro explora temas como la influencia de la religión, la lengua y la literatura en la formación de la identidad iberoamericana, así como las tensiones políticas y sociales que han marcado la región a lo largo de los siglos.
El libro es una obra de referencia para aquellos interesados en la historia y la cultura de América Latina y su relación con España” [https://www.buscalibre.cl].
“(…) a riesgo de equivocarme”
“Castro sabe muy bien que, como método, el que ahora adopta entraña graves riesgos; pero se decide por él a sabiendas y afirma explícitamente que no se espanta: ‘Quiero correr el riesgo de equivocarme’, dice (…) Pero quien conozca su vasto saber y su rigurosa formación deberá sospechar que quiere equivocarse porque prefiere la posibilidad del acierto total a la poco fructífera labor de acumular datos (…) interesa ahora destacar lo que proporciona unidad a este mar de ideas… de España en su historia (…) El proceso de la cultura española arranca… de la invasión musulmana, pues Castro afirma la escasa significación de los períodos anteriores (…) Desde aquel momento comienza el proceso de interacción entre las dos culturas, que Castro ve realizarse en diversos planos, especialmente como vaga adhesión cultural de la cristiana a la musulmana, promovida por el reconocimiento de la superioridad de la segunda por la primera, y como reacción contra esa misma influencia en defensa de lo peculiar hispanocristiano” [https://jlromero.com.ar].
Sinóptico
1795
Nació José Gregorio Monagas
Comandó el último batallón grancolombiano que viajó al Perú para reforzar su guerra de independencia. Al llegar, en 1825, tras la Batalla de Ayacucho, había concluido ya la contienda. Así reforzará el sitio del Callao, último reducto de los realistas que capituló a comienzos de 1826. En 1854, como presidente de Venezuela, Monagas promulgó la Ley de Abolición de la Esclavitud.
1810
Lino de Clemente
Fue designado ministro de Guerra y Marina por la Junta Suprema de Venezuela durante la I República. Junto a Gregorio McGregor, Pedro Gual y Luis Aury, Clemente participó en 1817 en la creación de la República de las Floridas. Meses más tarde el Libertador en Angostura lo nombra cónsul de Venezuela en EEUU.
1962
Carupanazo
Este día se produjo en Carúpano, estado Sucre, la acción cívico-militar conocida como “Carupanazo”, de perfil antiimperialista y revolucionario. La operación integró a militares progresistas de perfil antiimperialista y a dirigentes civiles revolucionarios, militantes del PCV y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria en contra del gobierno de Rómulo Betancourt.
Años después el capitán de corbeta Jesús Teodoro Molina Villegas aclarará los móviles del movimiento: “La recuperación plena de la democracia venezolana traicionada por el Pacto de Punto Fijo, sistema de gobierno que echó por la borda el espíritu del 23 de enero” [http://notiamanece.com].
Respondía Molina Villegas al hecho de que si bien Rómulo Betancourt era un presidente electo constitucionalmente, adelantó desde el comienzo una gestión de cinco años que enfatizó la violencia de Estado y la suspensión continua de la Constitución, si bien en el balance final descolla su aprobación a la fundación de la OPEP.
El autor es historiador, docente y abogado


