Hoy traigo a recuerdo cuando Luis Mariano Rivera, el poeta de Canchuchú Florido, cumplió sus 90 años y el alcalde de Carúpano en ese entonces, Arturo Hurtado, y José Luis Meza, me encomendaron la misión de organizar un evento en su honor, que llevamos a cabo en el Club Ítalo de esa ciudad querida.
En el mismo se hicieron presentes Serenata Guayanesa, el poeta de Falcón, Guillermo de León Calles, y por supuesto, Gualberto Ibarreto, quien en gesto que lo enaltece, aprovechó el momento para disolver algunas diferencias del pasado reciente.
El poeta Calles, con su acostumbrado estilo, le hizo el regalo de declamar el Canto al abuelo, y la gente se dio cuenta que a pesar de haber perdido el sentido de la vista, con su lírica describió, en todo su esplendor, el amor de los nietos a los abuelos del mundo.
Luis Mariano le respondió con un efusivo abrazo y le dijo: “Gracias, poeta”, a lo que él respondió: «No, el poeta eres tú».
Llegó febrero, el mes del amor; llegó el mes de la poesía, pero hoy también me llegó la triste noticia que se marchó mi amigo, mi poeta y un ser que aun siendo invidente, tenía la fuerza de mirar lo que es el amor.
Son testigos los niños a quienes les escribió su poema más hermoso, Llegó septiembre, con el que saluda el inicio de clases. Le escribió a Falcón, le escribió a su tierra natal y a su lar nativo, Pedregal.
Le escribió a este país, le escribió a la tierra un hermoso poema que hicieron canción Serenata Guayanesa y María Teresa Chacín: Si la tierra tierra fuera, y Miguel Angel Bosch hizo música, hizo canto, los Versos al abuelo.
Cuando te conocí, Guillermo de León Calles, todavía no era abuelo, y hoy que lo soy, cada poema tuyo me transporta a la importancia de nacer nuevamente. Cuando se tiene un nieto se llena uno de energías y de esa fuerza que siempre estuvo contigo.


