Durante 35 años trabajó como servidora pública, entre los roles que ejerció fue de policía en el municipio Sucre, estado Miranda. También fue paramédico, así que el miércoles 24 de junio cuando sucedió el doble terremoto, Iris Gómez sabía lo que debía hacer: Ayudar. Una vez que logró salir de su casa ubicada en El Campito, Catia La Mar, estado La Guaira, fue a socorrer a su vecina, quien se encontraba en estado de pánico y no lograba subir los 10 escalones que la separaban de un terreno más firme.
«Eran 10 escalones, pero ella entró en pánico. Al entrar en pánico me jalaba hacia atrás. Solo se preguntaba por qué pasaba esto. Yo le dije: Sube. Me jalaba así como cuando tú vas a salvar a alguien en el agua que te hunde», describe en entrevista a Diario VEA, desde las afueras de la carpa donde hoy pasa los días y las noche, y que ubicó a pocos metros de su casa, que tiene clasificación roja, es decir, está en riesgo.
Agrega que su vecina llegó casi gateando arriba; mientras que ella se bamboleaba debido a la fuerza con la que se movía el piso bajo sus pies producto de la dupleta sísmica.

Luego de socorrer a la vecina, Iris se dirigió a su vivienda, sacó a sus tres perros y dos gatos. De inmediato buscó el botiquín de paramédico. Pues su misión estaba clara, ayudar a los que necesitaban atención.
Pensaba que eran misiles cayendo y no un terremoto
Aquel 24 de junio cuando a las 6:04 de la tarde un doble sismo de magnitud 7.2 y 7.5 sacudió a Venezuela, Iris Gómez acababa de almorzar. Sí, no es la hora común en la que se hace esta comida, pero ella había estado ocupada todo el día. Terminaba de comer cuando sonó una alarma en su teléfono que anunciaba terremoto. A los pocos segundos escuchó el sonido que produjo el movimiento; sin embargo, ella lo asoció con un misil. Lo que lo hizo pensar que la nación estaba siendo bombardeada nuevamente, como sucedió el 3 de enero de 2026, cuando militares estadounidenses atacaron zonas de la región central del país.
Gómez, quien fue directora de Seguridad de la Contraloría General de la República, ente de donde es jubilada, indica que el estruendo del fenómeno natural lo asoció con ruidos que escuchó en cursos de explosivos que recibió durante años en el marco de su profesión. Fue por ello que pensó que estaban cayendo misiles. De hecho agrega que en el primer momento que se pone a salvo con su vecina, ella seguía pensando que era imposible que fuese un sismo, «porque todo se caía a la vez».
Narró que cuando logró salir de su casa, una vivienda que queda bajando unas escaleras y que está oculta por una casa más alta en toda la acera, vio parte del urbanismo Summa (oficialmente llamado Urbanismo Hugo Chávez), en Playa Grande, Catia La Mar, caer.
De igual forma vio cuando una de las estructuras aledañas a su hogar «se partió por la mitad, cayendo la parte de atrás».
«Todo se caía a la vez, esta es una pared que nos divide el aeropuerto, era una pared completa, la pared hacía como un gusano (…)», agrega señalando al frente donde se encuentra el punto que indica. «(…) Se caía Summa, se caía el edificio y yo decía esto no puede ser un terremoto, esto tiene que ser una bomba, esto tiene que ser algo», complementa de inmediato.
«El poste de allá se cayó completo vino después Corpoelec y lo paró. Y todo eso fue a la vez», agrega.
Indicó que inmediatamente después del terremoto se quedaron sin electricidad. Ella comenzó a grabar un video para mandárselo a su hija que viven en Parque Central, Caracas, para que supieran que estaba viva.
«Comienzo a grabar para mandarle el mensaje a mi hija en algún momento, porque si esto ocurrió aquí yo no sabía que en Caracas estaba pasando lo mismo. Mis hijos están en Caracas. Cuando mi hija escuche la noticia va a decir que yo estoy muerta. Lanzo el mensaje con la intención de que en algún momento salga (…) No tuvimos señal», dice, por lo que el material audiovisual que hizo le llegó horas después a sus familiares.
Tanto ella como uno de sus perros ayudaban
De inmediato Iris nos cuenta parte del apoyo que brindó a sus vecinos y vecinas en esas primeras horas. Entre ellas describe que ayudó a una señora que «con una de las columnas se partió la nariz».
Cuenta además que «uno de mis perros estaba sacando a los niñitos. Una de las perras mías grandes (…) porque claro, ella salió corriendo, ella se angustiaba porque los niños lloraban mucho. Estaban llenos de polvo porque las paredes dentro de la casa se cayeron (…)».
Esa primera noche tras el doble sismo Iris durmió con sus mascotas a las afueras de una conocida farmacia en Catia La Mar. Los otros tres días siguiente durmió cerca de su casa en una especie de construcción, sin mayores comodidades, hasta que le regalaron la carpa que actualmente ocupa.
Daños en el suelo
La casa de Iris Gómez no se resquebrajó, sus paredes no tienen grietas; sin embargo entró dentro de la clasificación rojo del semáforo que lleva a cabo el Gobierno nacional, pues el problema está en el suelo.
(…) Las paredes no tienen ni una grieta ni nada, pero la casa se movió por debajo. La falla tectónica parece que nos pasó por aquí abajo, estamos esperando al geólogo porque nos separó de la acera», señala, tras mencionar que ya el hogar fue inspeccionado en dos oportunidades por la Comisión Presidencial para la Evaluación de Habitabilidad de Viviendas e Infraestructura.
«Nosotros estamos muy cerca del aeropuerto (…)», dicen en referencia a que el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar sufrió afectaciones producto del sismo. Señala que la falla que pasó por ahí, podría ser la misma que pasó en el sector donde ellos están. En ese sentido argumenta que en la segunda inspección que realizaron los ingenieros, cuando se metieron al callejón y bajaron, observaron fallas.

«(…) Cuando ellos vieron la falla por debajo de la tierra y que estamos al lado de la quebrada (…)», dice que este último factor en este momento no es el peligro, porque «estas casa tienen 50 años aquí, las más recientes tienen 35 años, entonces no es que las casas se han caído ni nada por el estilo, son casas robustas, no estamos hablando de casitas sino que al pasar la falla (…)», bajo de nosotros decidieron colocar clasificación roja.
Narró que a su vecina que esta en toda la acera la habían puesto en amarillo, pero luego de esa falla la pusieron en rojo.
Ante esta situación los vecinos y las vecinas, cuyas casas están en clasificación roja, es decir, en riesgo, están a la espera del patólogo y el geólogo para que revise el terreno, y dé el veredicto. Son decenas de hogares que se encuentran en esta categoría en el sector.

«Esperando esta tercera revisión», dice, al tiempo que complementa que ya la censaron en el Registro Único de Vivienda.
Expuso el daño que causaron los sismos en el suelo del sector. «Pasó una de las grietas. Se abrió desde la punta de allá, tú ves la acera de allá, hay un hueco en el piso, ese hueco se conectó con este hueco y abrió, me imagino que por debajo, porque mi paredes no se abrieron, pero si la grieta entró por debajo y estalló me imagino que por la parte de la tierra (…) De hecho, el vecino sacó la tierra de abajo porque eso quedó arriba, esto partió las tuberías».
Una casa de playa siempre fue su sueño
Luego de 35 años de servicio y de jubilarse. Con parte de sus ahorros de toda una vida y de su jubilación logró comprarse una casa en El Campito. Su meta final era una casa de playa. Así que inició con este hogar.
«He llorado muchísimo», expresa. Luego reflexiona y dice que ella está llorando por una casa cuando hay gente que lo hace porque perdió a toda su familia. Complementa. «Sí, sé que es algo material, pero era lo que tenía para mi jubilación. Volver a comenzar desde cero a los 54 años es un poquito más cuesta arriba que a los 30, a los 20».
Iris no se encuentra en un refugio, está a pocos metros de su casa en una carpa, porque la puerta de su vivienda quedó desnivelada.
«El marco de mi puerta no cierra, se salió, entonces dejar la puerta y estar allá en el refugio cercano es dejar esto solo en la noche. No están mis perros (…) Hay muchos recogeescombros, recogelatas y ellos pasan por aquí porque están sacando muchas cosas de Summa, pasan por acá, suben y bajan, entonces irme significa dejar expuesto lo poquito que me queda», precisa.
Mencionó que a sus perros y gatos los llevó a casa de su hija, pero no puede hacer lo mismo con las cosas materiales, porque ella vive en un piso bien alto, debe subir más de 20 pisos. Y también porque implica pagar una mudanza de una región a otra, y eso es un gasto adicional.
Retomando el tema de sus mascotas, dice que no le ha faltado animales que cuidar, pues una gata le llevó a sus cinco gatitos, lamentablemente murieron cuatro. A la madre gatuna la mandó a esterilizar con unos veterinarios de Colombia, que hicieron una jornada en el sector.
Mucha resiliencia
Desde El Campito, donde todos y todas las vecinas parecen conocerse, y donde algunos manifiestan que el doble terremoto los unión, Iris Gómez envía un mensaje de solidaridad al pueblo de La Guaira. Lo llama a tener «mucha resiliencia, paciencia, mucha paciencia. Yo sé que es fuerte cuando vienes de vivir una vaguada hace 26 años y las mismas personas hoy experimentan un terremoto, pero no nos queda sino la fe, la paciencia, la resiliencia, aunque es muy fuerte».
Agrega: «Esta devastación no sé si fue más o menos parecida a lo vivido con la vaguada. Pero es lo que estamos viviendo en este momento y ha sido sumamente fuerte, y no creo que haya una palabra para paliar el dolor que puede estar sintiendo mucha gente, pero la resiliencia es clave para poder estar esperanzados con lo que nos depara el universo».





