Clodovaldo Hernández

@clodoher

La tragicomedia de la oposición radical venezolana es como esas series de televisión que cada año tienen una nueva temporada o, cuando ya no dan para más, salen con un spin off, es decir, una nueva serie basada en un cuento derivado de la primera.

Así vimos como el perverso G4, transfigurado en G3, emboscó al exdiputado Juan Guaidó en la noche oscura de su interinato y lo linchó como a ese sector de la oposición le gusta hacerlo: apuñalándolo y quemándolo vivo, en nombre de la democracia, la paz y los derechos humanos.

Los ingenuos pensaron que ese era el fin de la pésima telenovela protagonizada por el galán autoproclamado, pero no, nada más lejos de la realidad, porque ya los guionistas estaban trabajando en la secuela, que promete ser tan o más trágica y tan o más cómica que la original.

No se puede negar que el final del personaje Guaidó en esta tercera temporada fue dramático y conmovedor, aunque no precisamente heroico, sino más bien una especie de ajuste de cuentas entre malandros de alta y baja ralea, algo propio de un filme de gángsters de bajo presupuesto.

Eso de ver a un tipo que llegó a tener el  apoyo de “miles de países” (según la Pava Lilian) logrando apenas el voto de 23 de sus MMG (nomenclatura intraducible, a mí no me pregunten), es como para echarse a llorar… o a reír a mandíbula batiente.

Lo más curioso es que el ajusticiamiento del autoproclamado estuvo a cargo de unos individuos que parecen sacados de una película de zombies, no porque se vean lázaros o poco saludables, sino por proceder de la ultratumba moralmente hablando.

Para quien no se enteró, la rueda de prensa fue encabezada por Alfonso Marquina junto a Tomás Guanipa y a unas señoras y unos señores que parecían extras porque, para mí, al menos –perdón por eso– eran desconocidos.

Así que ese episodio tuvo un aire de The Walking Dead, dicho sea con respeto por los aficionados al género de los muertos vivientes.

Guaidó trató de salvarse de la maldad de los siniestros traidores, pero lo hizo, como es habitual en él, hablando en lo que parece ser una lengua muerta, así que pocos le entendieron y a muchos menos les importó  lo que estaba diciendo.

Lo genial del libreto es que en esos días del apocalipsis zombie, se cumplió la profecía del cese a la usurpación, pero no como lo había planeado el imperio, con su impronta hollywoodense, sino “a la visconversa”. ¡Qué genialidad tan cinematográfica!

Como en la oposición nada está dicho hasta que habla Washington, Guaidó y sus (pocos) fieles seguidores tuvieron la esperanza de que allá les cambiaran ese final tan penoso. Pero eso no pasó porque, en verdad fueron los mismos guionistas gringos quienes habían escrito su epitafio.

¿Y si la señora se autoproclama?
En cuanto al spin off, los secuaces del depuesto autoproclamado pasan a ser ahora una especie de gobierno interino colectivo encargado de “cuidar” los activos de Venezuela en el exterior. Es como para exclamar: “¡Mejor nos cuentan una de vaqueros!”.

El día fijado constitucionalmente para la instalación de la Asamblea Nacional, el Parlamento extinto en 2021 salió de su sarcófago y las figuras del museo de cera cobraron vida y eligieron a la sustituta de Guaidó en la presidencia del Parlamento vitalicio –así lo designó Estados Unidos, pues–: la señora Dinorah Figuera.

La dirigente, que milita en Primero Justicia, tuvo figuración política hace algunos años, pero luego picó los cabos de acá, con el argumento de la persecución política que en algunos casos se ha convertido en un modus vivendi y en otros, en un modus operandi.

Vaya uno a saber cuál de los dos “modus” es el de la señora Figuera, pero lo constatable es que está radicada en España, al parecer en Valencia, desde donde se conectó digitalmente y fue electa –vía Zoom– presidenta de la Asamblea zombie. Cosas que solo pasan en el metaverso.

Ahora quedan varias incógnitas por despejar, entre ellas si la señora Dinorah va a tener los poderes paranormales que tenía Guaidó y podrá disponer de los recursos de Citgo, Monómeros, y el oro depositado en el Banco de Inglaterra y otras burusas, como dijo una vez el muy vivo Rosales.

Se supone que ella no va a ser una presidenta encargada de la República como su predecesor, sino que habrá unas comisiones encargadas del reparto (uno para ti, uno para ella, uno para él, dos para mí…), es decir que seguirá la trama de serie mafiosa.

Pero ¿quién quita que, imbuida por el entusiasmo de ser la jefa del poder legislativo resucitado, le dé por también autoproclamarse?

Dime tú si esta señora se traslada un día cualquiera a la capital española, se sube a la fuente de Cibeles, cual si fuera jugadora del Real Madrid luego de otra Champion League, y dice que va a ser virreina de la Capitanía General de Venezuela.

Y a quien me pregunte qué lumpia me he fumado para dejar volar así mi imaginación, le recuerdo que tenemos cuatro años viendo la película de un tipo que se juramentó a sí mismo en una plaza, luego de lo cual él y su banda se robaron hasta los clavos de la cruz de Cristo.

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