Ramón Rodríguez M.

Periodista

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La pandemia del Coronavirus se está propagando vertiginosamente en todo el mundo. Las vacunas han cambiado parte de la realidad de esta grave y letal enfermedad; pero las cepas altamente contagiosas han nublado las esperanzas de una victoria temprana y la vuelta a la normalidad, para lograrla, es necesaria la participación activa y conjunta del sistema de interacción internacional ya que a pesar de esta pandemia EEUU sigue avanzando y muy agresivamente en su agenda destructiva, que socava la soberanía de otros estados y la estabilidad de regiones enteras.

Occidente se adhiere conscientemente al discurso a favor de los intereses de Washington para mantener la confrontación global contra Rusia, en una lucha por mantener su dominio mundial, el detalle es que ignoran la solicitud y necesidad objetiva de la comunidad internacional de que asuman medidas colectivas para contrarrestar las amenazas y desafíos comunes.

En vista de la creciente demanda de las vacunas rusas contra el Covid-19, Washington y Bruselas, y aun en detrimento de la estabilidad sanitaria mundial, desacreditan los esfuerzos de Moscú por derrotar la pandemia, ¿por qué el empeño en atacar a Rusia? ¿será porque necesitan proteger los intereses financieros de sus propios gigantes farmacéuticos? para nadie es un secreto que las vacunas rusas (Sputnik V y Sputnik Light) superan a las vacunas en efectividad así como en varios indicadores a sus contrapartes ¿será que esta efectividad de las vacunas rusas pone en riesgo las cuantiosas inversiones de los laboratorios occidentales?

Las estadísticas demuestran que Estados Unidos no ha podido dar una respuesta efectiva contra el coronavirus, lo que ha puesto en evidencia cuan incompetente es el gobierno de este país, pues no solo han exacerbado las tristes y lamentables consecuencias para los propios estadounidenses, sino que ha dado un golpe muy duro a la economía de esta nación, así como a la reputación del país como líder mundial, a la vez que también ha perjudicado la cooperación sanitaria global.

Estados Unidos posee un poderío nuclear respetable por su capacidad ofensiva, pero frente a la pandemia del Covid-19 ha quedado muy mal parado porque demostró ser incapaz de defender a su pueblo en su propio terreno y así quedó manifestado, los políticos estadounidenses se confiaron en la «fuerza» de Washington como un hecho y descuidaron la atención médica y el resultado de esto ha socavado seriamente la competitividad de Washington dentro y fuera de sus fronteras.

Un claro ejemplo de las actividades destructivas de Washington es que en medio de una pandemia; es decir, que a pesar una epidemia que afecta a todos los países del mundo, suspendieron el financiamiento a los fondos de la organización mundial de la salud. ¿Acaso no se dan cuenta de que con esta acción dificultan el trabajo antipandémico de la comunidad internacional? esto le ha costado a EEUU críticas de todo tipo incluso de los países europeos.

Tampoco hay que engañarse, el gobierno estadounidense ni quiere ni está listo para ayudar con la vacunación a sus aliados y socios, pero, a pesar de ello, les prohíbe explícitamente el uso de la Sputnik-V sin considerar las consecuencias potencialmente graves para la salud de las personas, mientras tanto los medios oficiales apoyados por Occidente continúan con la campaña en contra de los medicamentos producidos por Rusia.

Moscú ha sido claro en sus llamado a Occidente a trabajar en equipo con la comunidad internacional contra la pandemia en lugar de atacar las supuestas vulnerabilidades de la vacuna Sputnik-V, también llaman a mostrar sentido común, señalando que el acceso equitativo de los ciudadanos a las vacunas de países extranjeros, incluidos los medicamentos rusos, reducirá el tiempo de la inmunización del colectivo mundial.

En este sentido, se puede concluir que la única política aceptable en materia de salud es la que permita proteger la vida y bienestar de las personas, después de todo solo la unión de esfuerzos permitirá ganarle la guerra al Covid-19.

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