Landrú, el mayor uxoricida de la historia

El autor es historiador, docente y abogado.

Chaplin lo llevó al cine.

Néstor Rivero Pérez
nestor5030@gmail.com

El 25 de febrero de 1922 fue ejecutado en la cárcel de Versalles (Francia), Henry Desiré Landrú, condenado por la estafa y sustracción de dinero bajo engaño “a poco menos de 300 mujeres”, de las cuales al menos once terminaron asesinadas. Para sus inconfesables propósitos Landrú aprovechaba la condición de viudedad, en que quedaron numerosas féminas galas a raíz de la Primera Guerra Mundial, en la que Francia fue actor de primer orden.

Asesinos en serie

Además de Jack el Destripador -homicida de mujeres del siglo XIX en el Reino Unido y quizá el de más triste celebridad en la historia, también se recuerdan casos espeluznantes del siglo XX, entre quienes resaltan nombres como el de Gilles de Rais, héroe de guerra galo del siglo XV, y quien poseído por inclinaciones demoníacas, abusó y quitó la vida a más de doscientos niños y adolescentes. Del mismo modo se rememora al ucraniano Andréi Shikatilo, conocido como el “Carnicero de Rostov” y quien en juicio confesó un total de 56 asesinatos de mujeres y niños con mutilación; o, Herman Webster Mudgett, alias “Dr Holmes”, estadounidense que confesó haber perpetrado 27 crímenes y otros cincuenta intentos y su connacional, la estadounidense Jane Toppan, una enfermera psicópata quien tras su arresto en 1901,  confesó 31 homicidios, motivada en la “excitación de orden sexual que ello le producía”.

Barba Azul de carne y hueso

Charles Perrault, autor del siglo XVII, creó en sus cuentos personajes cuyo arquetipo guarda vigencia en la literatura y la psicología, tales como Pulgarcito, la Cenicienta y Barba Azul.

Este último, es la figura central de una fantasía malévola, al encarnar a un individuo casado varias veces y quien enviuda cada cierto tiempo, hasta que la última esposa descubre los cadáveres de sus antecesoras en una habitación clausurada.

Madame Izoret

En 1909, antes de la Gran Guerra, Landrú, ya iniciado en el delito, estafó a una viuda, Madame Izoret, a quien despojó de 20 mil francos bajo promesa de hacerle compañía, desapareciendo con el dinero (https://60lineas.wordpress.com).

Denunciado, quedó recluido por un tiempo, empero tras salir de prisión y comenzar la guerra, dejó aflorar su inclinación a la estafa y al uxoricidio.

Algo de historia

Aspirando satisfacer ambiciones y asegurarse una vejez en opulencia, Landrú se aprovechó en 1914 del estallido de la Primera Guerra Mundial, en la cual su país, Francia, era actor fundamental.

La gran cantidad de bajas que provocan los combates, hace que en diarios de París y otras ciudades, aparezcan avisos de damas que han enviudado y solicitan compañía masculina con determinadas características.

Entretanto, Landrú resuelve colocar un aviso en la prensa mediante el cual se ofrece para dar compañía a damas solas, definiéndose como “Viudo, dos hijos, cuarenta y tres años, solvente, afectuoso, serio y en ascenso social, desea conocer a viuda con deseos matrimoniales” (Ibídem).

A poco comienza a recibir llamadas de señoras deseosas de conocerlo.

Doble vida

Con un tren de vida y boato que le hacía disminuir drásticamente los montos exaccionados a las damas de buena posición económica con quienes contraía matrimonio o a quienes hacía compañía, y tras empobrecerlas haciendo que vendiesen sus bienes, Landrú terminaba por liquidarlas y hacer desaparecer sus cuerpos.

Y sin embargo, a lo largo de su criminal y extravagante vida, siempre mostró atención hacia su legítima cónyuge y sus tres hijos, respecto a quienes ocultaba su doble vida sosteniendo que su trabajo requería viajes constantes por toda Francia.

Finalmente, en 1919 Landrú es reconocido en una tienda de arte parisina en la cual deja su dirección, coincidiendo con la hermana de una de las víctimas desaparecidas.

Denunciado ante la policía se abre de inmediato la investigación, que lleva a los sabuesos al lugar donde reposan los huesos de varias de las mujeres asesinadas.

Sinóptico

2011

Eneas Perdomo

El 25 de febrero de 2011 falleció en el Hospital Militar de Caracas, Eneas Perdomo, abanderado del canto y la composición típica nacional, centrada en los motivos llaneros. Habiendo nacido en hogar humilde.

Expresiones del nativismo en la música, como tema de estudio, datan en Venezuela del siglo XIX. 

Así, manifestaciones típicas como la contenida en el repertorio de Eneas cultivan una corriente artística y cultural dotada de gracia e inscrita en la historia profunda del pueblo venezolano.

Fiesta en Elorza, himno llanero.

La canción de su autoría, Fiesta en Elorza, encontró en Eneas su más eximio intérprete.

Esta pieza hizo al autor merecer reconocimientos tanto dentro como fuera del país, en lo que significa que esta pieza ha sido versionada por intérpretes venezolanos o extranjeros en México, España, Colombia y otros países, y por conjuntos instrumentales. Fiesta en Elorza fue declarada en 1991 Himno Popular del Municipio Rómulo Gallegos (Elorza, en Apure). Una vía pública y “una plaza con su busto” honran el nombre de Eneas Perdomo en la región apureña

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