Néstor Rivero Pérez

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El 20 de enero de 1835 el general José Antonio Páez, quien venía presidiendo la República desde 1830, ofrece su “Alocución” final, durante el acto de traspaso de la primera magistratura al doctor José María Vargas.

Ideas-Eje

En su disertación, el héroe mítico Centauro cinceló ante la posteridad las más íntimas convicciones que guiaron su desempeño como hombre público hasta el final de sus días. “Seré un apóstol –dice- de la paz y del orden público, convencido de que con la paz y el orden público se asegura la libertad y prosperidad de la República”.

El héroe insurgente

José Antonio Páez -quien había sido condenado a muerte por los españoles en 1813-, se inició como militar de la independencia en 1812, como soldado precisamente de su patrono criador de ganado, el patriota Manuel Pulido. Por mérito propio como guerrero, se impondrá a oficiales como Rafael Urdaneta, Francisco de Paula Santander, José Félix Blanco, Francisco Aramendi y otros que habían escalado antes que él galones de la alta oficialidad.

En 1816, admirando el valor, ingenio y buen trato que recibía del coronel Páez, su tropa, el único bastión organizado del llano, le eleva al mando supremo, en desconocimiento de la autoridad oficial que en 1816 ejercía Santander.

Sus proezas inimitables con la lanza en Mucuritas, Mata de la Miel, Queseras del Medio y otros combates, pronto harían olvidar iniciales actuaciones de quien en la sabana de Carabobo, y dentro de la estrategia trazada por el Libertador, condujo la Primera División del Ejército, cuya actuación fue decisiva para el triunfo definitivo del 24 de junio de 1821.

 

Hombre fuerte y altos círculos

“La paz y el orden público” serían banderas que el general José Antonio Páez asumiría a partir de 1821 como hombre fuerte de Venezuela.

En efecto, tras la partida del Libertador Simón Bolívar a las campañas del Sur y Perú para culminar la guerra continental contra la Corona española, la figura del general Páez se eleva como la única figura que en ausencia del Padre de la Patria garantiza la intimidación indispensable para evitar incursiones realistas en territorio venezolano y sostener las nacientes instituciones republicanas.

Esta circunstancia la perciben con nitidez los prohombres de la aristocracia territorial, quienes empiezan a tejer en torno al Centauro un cerco de halagos que lo acercan a sus tradiciones y visión del orden social. De este modo, Francisco Rodríguez del Toro (antiguo Marqués del Toro), desde sus posesiones de Aragua escribirá al hijo de Curpa: “Mi Querido General y Amigo (…) le tengo preparadas de 15 a veinte peleas de gallos superiores (…) Reitero a Ud que le espero a esparcirse en estos campos y a dar un buen rato a su mejor amigo” (6 de junio de 1823)».

Este acercamiento a los altos círculos de Caracas y Valencia se irán anudando hasta hacer de Páez el centro de gravitación de la República desde 1826, con el movimiento separatista de La Cosiata y especialmente a partir de 1830, cuando podrá decir en palabras de Ramón Díaz Sánchez: “Ahora la patria soy yo”.

 

Orden y rebelión campesina

Sin embargo, este sostenimiento del orden, que se sustentaba en su prestigio de guerrero, soslayaba las reivindicaciones del peonaje, soldados y artesanos, que carecían de una mínima parcela o estímulo del Estado, y que habían acompañado la causa emancipadora.

Así, el héroe de las Queseras del Medio devendrá en el gran gendarme de las clases poseyentes durante la Venezuela Agraria del siglo XIX. Así, cuando al grito de “Tierra y Hombres Libres” dado por Ezequiel Zamora, estalle la rebelión campesina de 1846-1847, que ha de sacudir los caseríos y serranías del centro del país, se verá al caudillo llanero ponerse solícito a la cabeza del ejército centralista, para sofocar las partidas de antiguos soldados de la independencia, así como peones exesclavos y pequeños propietarios alzados contra el régimen de la tierra y contra el orden de quiebras impuesto por la Ley de Libertad de Contratos del 10 de abril de 1834.

Y tal carácter será reasumido por el general Páez cuando el 9 de septiembre de 1861 inicie su mandato de dos años como dictador de Venezuela, para sofocar la Guerra Federal, liderando el ala militarista del Partido Conservador.

 

Sinóptico

1830

Congreso Admirable

Este día se instaló con carácter constituyente en Bogotá, el Congreso Admirable, último esfuerzo del Libertador Simón Bolívar para evitar la desintegración de la Gran Colombia.

En 1819, bajo la inspiración de Francisco de Miranda y su “Colombeia”, el Libertador exhorta al Congreso de Angostura a formar una sola nación uniendo Venezuela y Nueva Granada y luego a Ecuador.

Sin embargo, a partir de 1826 F. P. Santander en Bogotá, José Antonio Páez en Venezuela y en 1830 J. J. Flores en Ecuador, habrán de ponerse al frente de corrientes separatistas. El Padre de la Patria hará un postrero esfuerzo republicano para zanjar las diferencias, llamando al Congreso Admirable, que fue inaugurado el 20 de enero de 1830.

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