Alberto Vargas

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El 7 de septiembre de 2013, seis meses después de asumir como presidente de la República Popular China, Xi Jinping, anunció los nuevos avances de la Ruta de la Seda, pilar del proyecto multipolar, rememorando los tiempos en los que el Asia del Pacífico era el centro de gravedad del poder mundial, allá por los primeros años después de Cristo.

Por tanto, el 3 de octubre, también del 2013, a su vez, llamó a construir mancomunadamente la “Ruta Marítima de la Seda del Siglo XXI”, dando cuenta de una propuesta de interconexión mundial que no se limitaba a lo terrestre, pues incluía lo marítimo, a lo que luego se sumaría lo espacial y lo digital.

El proyecto de la “Nueva Ruta de la Seda” se compone de dos rutas conocidas como “franja y ruta”. La ruta terrestre conecta a Asia Central con Rusia y Europa, mientras que la ruta marítima, recorre el Pacífico occidental, el océano Índico y el mar Mediterráneo, conectándose también a África y América Latina.

De esta manera, se estima que la propuesta inicial de la Ruta de la Seda integra a 4.200 millones de habitantes (lo que representa 56% de la población global), en el que se genera un Producto Interno Bruto (PIB) nominal de 31 billones de dólares, casi 43% del PIB global (que asciende a 52% del PIB mundial medido en PPA, esto es (Power Purchase Agreement) un acuerdo o contrato de compraventa de energía a largo plazo entre un desarrollador renovable y un consumidor), que abarca un territorio con 75% de las reservas de energía (gas y petróleo).

El gobierno chino estableció cuatro principios básicos de la Ruta de la Seda: apertura y cooperación; armonía e inclusión; operación de mercado; y beneficio mutuo. El proyecto contempla la construcción y modernización de carreteras, líneas de ferrocarril, así como el desarrollo de infraestructura portuaria. La “arteria” del proyecto de la Ruta de la Seda es el “Tren a Europa”, que une la costa oriental china con las capitales de Madrid y Londres, en un viaje de 13.000 kilómetros que atraviesa diez países: China, Kazajistán, Rusia, Bielorrusia, Polonia, Alemania, Bélgica, Francia, España y Gran Bretaña.

Otro de los proyectos importantes de la Nueva Ruta de la Seda es el Corredor Económico China-Pakistán (CECP), en el que cumple un rol estratégico el puerto de Gwadar, en la costa sur de Pakistán, al ser un puerto de aguas profundas permite el acceso de barcos de gran tamaño; una salida natural al océano Índico y conectarse a escasos kilómetros con el estrecho de Ormuz, en la península arábiga. Gwadar se localiza a 72 kilómetros de la frontera con Irán y a unos 400 kilómetros del más importante corredor de transporte de petróleo, y la región circundante contiene dos tercios de las reservas mundiales de petróleo; además, por allí pasa 30 por ciento del petróleo del mundo (pero 80 por ciento del que recibe China) y está en la ruta más corta hacia Asia.

A su vez, en octubre de 2017 se inauguró la ruta ferroviaria que une las repúblicas de Azerbaiyán, Kazajistán, Georgia y Turquía. Por su parte, China, Mongolia y Rusia, acordaron en junio de 2016 la construcción de un Corredor Económico que una a los tres países. Con la intención de reforzar los lazos de cooperación con los países del sudeste asiático, el gobierno chino impulsó como uno de los proyectos iniciales de la Ruta de la Seda el Corredor península Indochina-China, que conecta el gigante asiático con Laos, Tailandia, Vietnam, Camboya y Myan.

América Latina es una zona estratégica para el proyecto productivo industrial de la Ruta de la Seda, en tanto representa 13,6% de la superficie global, tiene una población de 640 millones de habitantes (más de 8% de la población mundial) y representa en su conjunto un PIB de 10 mil millones de dólares, similar al de India (el tercer PIB mundial).

A su vez, América Latina y el Caribe constituye una de las principales reservas hidrocarburíferas del mundo (22% de las reservas de petróleo); es una de las principales regiones de producción de alimentos del mundo, además una de las principales reservas de biodiversidad y agua dulce del mundo.

A esto se suma que Suramérica, específicamente Bolivia, Chile y Argentina, contiene la principal reserva de litio, mineral estratégico para el desarrollo de baterías y otros componentes indispensables en la carrera tecnológica.

En este marco, la nueva Ruta de la Seda significa la continuidad de la oportunidad histórica para América Latina, en tanto los proyectos de infraestructura y desarrollo que se trazan para la región hacen que Latinoamérica tenga un papel fundamental en el nuevo pensamiento multipolar.

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