Néstor Rivero Pérez

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El 27 de junio de 1884 nació en Barsur-Aube (Francia) Gastón Bachelard, físico, epistemólogo y poeta, y cuya obra escrita le distingue como uno de los autores más originales del siglo XX. Movilizado como soldado galo durante la I Guerra Mundial (1914/1918) se vio condecorado con la Cruz de Guerra de su país. Luego se desempeñará como profesor de física y filosofía en bachillerato obteniendo, en 1927, su doctorado en la Universidad de la Sorbona.

A poco ingresa como catedrático en esta última Casa de Estudios y la Universidad de Dijón.

Materialismo racional

De la extensa producción de este filósofo, quien posee excepcional disposición para concebir sus títulos en forma poética, destacan La intuición del instante, La flama de una vela, La formación del espíritu científico, El materialismo racional, El psicoanálisis del fuego, El agua y los sueños, El aire y los sueños, La tierra y la ensoñación de la voluntad, La poética del espacio y La poética de la ensoñación.

Su teoría sobre el proceso de cognición encuentra puntos de similitud con la doctrina del falsacionismo, expuesta por Karl Popper en su obra La lógica de la investigación científica. “Bachelard tiene una propuesta para la creatividad del pensamiento, en la cual se crean posibilidades, situaciones, en un afán de evento holístico, anteponiendo como circunstancia la condición humana desde el momento en que habla de obstáculo y error epistemológico” (http://sistemabibliotecario.uaemex.mx).

La verdad y el error

Entre los aportes teóricos de Bachelard como historiador del conocimiento se encuentra la noción de “obstáculo epistemológico”, expresión mediante la cual Bachelard caracteriza las limitaciones que operan como factor de detención y distorsión de las capacidades del ser humano para “construir conocimiento”, condicionando su proceso de aprendizaje.

De este modo el autor de El materialismo racional se permite sostener que “La verdad se crea bajo un fondo de error. La experiencia básica es el primer obstáculo en la formación del espíritu científico” (https://proyectosdeintervencioneducativa.weebly.com).

De allí que Bachelard postule la utilidad de “una ruptura de las creencias científicas para una aproximación a la realidad (…). Al hombre le es difícil romper sus creencias para llegar a la realidad” (La poética del espacio), apuntando a la necesidad que confronta el individuo de identificar dichos obstáculos epistemológicos a objeto de sortear nuevas realidades, respecto a las cuales se carece de “referencia directa a experiencias directas” (Ibídem).

William R Darós, un estudioso de Bachelard recuerda que para este pensador “Nacemos en un mundo social ya hecho, con sus valores y desvalores, con sus precios, aprecios y desprecios sociales, partidarios, políticos. Ese contexto parece ser como el destino desde el cual se piensa y actúa (…) el “destino” es eso con lo cual debemos contar al nacer, pero que no nos impide luego criticarlo e intentar cambiar su proyección en el futuro. El pasado nos da cierto sentido de ubicación, pero es el futuro, los proyectos, lo que mueve a los hombres” (El espíritu iconoclasta en el proceso de aprender / Fuente: https://williamdaros.files.wordpress.com)

La flama de una vela

Frente a la contemplación solitaria de las palabras, en las noches bajo la llama de una vela, los antiguos cultivaron la filosofía y los primeros rudimentos del conocimiento científico. El autor de La intuición del instante asienta “Antaño, en un tiempo olvidado…la llama de una vela hacía pensar a los sabios; ofrecía mil sueños al filósofo solitario. Sobre su mesa…al lado de los libros que lentamente instruyen, la llama de la vela convocaba pensamientos desmedidos, suscitaba imágenes sin límites. Para un soñador de mundos la llama era, entonces, un fenómeno del mundo” (https://biblioteca.multiversidadreal.com).

Sinóptico

1818

Semanario Correo del Orinoco

Este día entró en circulación el Correo del Orinoco, vocero de la Venezuela que guerreaba por su Independencia frente a España. Este semanario afirmaría la causa emancipadora tanto en Venezuela como en el exterior, circulando hasta 1822.

El Correo nace bajo el apotegma “Somos libres y escribimos en un país libre; y no nos proponemos engañar al público…se pelea contra el despotismo…y por los derechos del mundo”. Con la clara misión de expandir el ideario de la Independencia.

Circuló en edición trilingüe (español, francés e inglés). Para ganar la Independencia era indispensable vencer en el campo de la opinión pública; y así lo entendía Bolívar, quien encomendó a Fernando Peñalver, en Trinidad, la compra de una imprenta. Su primer director fue el neogranadino Francisco A Zea, a quien sucederá Juan Germán Roscio. Colaboraron en el Correo José Ignacio Abreu de Lima, Manuel Palacio Fajardo y José R Revenga. El propio Simón Bolívar insertó escritos bajo el seudónimo “Juan Trimiño”.

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